- La expansión de la energía eólica y solar cubrirá casi la mitad de la demanda eléctrica del planeta a mediados de este siglo.
- Un nuevo algoritmo predice que la energía eólica y solar crecerán mediante acelerones bruscos vinculados a las decisiones políticas nacionales.
- Inteligencia artificial para energías renovables: clave para la transición o nuevo problema energético
El camino hacia un planeta con menos humo no sigue una trayectoria recta y predecible, aunque a menudo los planes oficiales así lo pinten. Ahora, un grupo de expertos suecos ha decidido mirar por el retrovisor de la historia reciente para entender qué nos espera realmente en el horizonte de mediados de siglo, y lo que han encontrado rompe con los esquemas habituales de predicción que manejaban los organismos internacionales hasta la fecha.
A través de una herramienta informática que recrea miles de realidades alternativas, estos investigadores han logrado descifrar cómo se comportan las fuentes de generación naturales en el mundo real. Se trata de una serie de movimientos rápidos y espasmódicos que dependen mucho más de la voluntad legislativa de cada nación que de la simple inercia técnica o del abaratamiento de los materiales.
El peso real de la energía eólica y solar en 2050
El viento captado en tierra firme se encargará de producir aproximadamente un cuarto de toda la corriente que consuma la población humana en unas décadas. Por su lado, la electricidad obtenida mediante paneles fotovoltaicos sumará otro 20% al cómputo total de la red eléctrica del planeta. Estas cifras juntas dibujan un mapa donde las alternativas limpias dominan el mercado de la luz antes de lo que muchos expertos auguraban hace apenas unos años.

Alcanzar este 45% conjunto supone un avance de gran magnitud para frenar el incremento térmico de la atmósfera. Los cálculos obtenidos indican que con este volumen de generación limpia se lograría mantener el termómetro por debajo de los dos grados de subida respecto a la era anterior a las fábricas. Es una noticia alentadora, aunque se queda algo corta para las metas más exigentes de los tratados internacionales que buscan proteger el entorno.
El estudio de la Universidad de Chalmers, en Gotemburgo (Suecia), destaca que este ritmo de expansión ha superado los pronósticos más pesimistas que circulaban hace una década por los despachos oficiales. Sin embargo, el esfuerzo necesario para no rebasar el límite crítico de grado y medio sigue siendo un reto difícil de gestionar para los gobiernos actuales. La realidad física de las infraestructuras y la lentitud de la burocracia chocan a menudo, ralentizando un proceso que debería ser todavía más veloz.
Cómo la IA predice el ritmo de la energía eólica y solar
Para obtener estas conclusiones tan detalladas, los científicos no usaron las gráficas tradicionales de crecimiento suave, que suelen fallar. En su lugar, diseñaron un sistema informático con 13.000 escenarios distintos donde todas las variables podían cambiar de forma aleatoria. Esta «máquina del tiempo» permite analizar los fallos ocurridos en el pasado para no tropezar con las mismas piedras en los planes energéticos que se están diseñando ahora mismo.
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«Los modelos existentes son muy buenos para identificar lo que se necesita hacer para alcanzar los objetivos climáticos, pero no pueden decirnos qué escenarios son los más probables. Esa es la laguna que queríamos llenar», afirma Jessica Jewell. Esta docente de la Universidad Tecnológica de Chalmers resalta que conocer la probabilidad real es el dato que realmente importa a quienes manejan los presupuestos públicos en la actualidad para evitar malgastar el dinero.
El algoritmo de aprendizaje aprendió a detectar que los costes bajos de fabricación no lo son todo en esta carrera tecnológica hacia la descarbonización. A veces, el rechazo de los vecinos a las nuevas instalaciones o la falta de redes de transporte adecuadas frena lo que la economía ya ha hecho rentable. Son obstáculos que no suelen aparecer en las cuentas matemáticas habituales pero que determinan si un parque de turbinas se llega a levantar finalmente.
Acelerones y parones en la energía eólica y solar
La gran revelación de este análisis exhaustivo es que el progreso verde no es una curva constante, sino una sucesión de saltos repentinos y potentes. Existen años de calma casi absoluta seguidos de periodos breves donde se instalan turbinas y placas a una velocidad de vértigo en territorios muy concretos. Estos momentos de máxima actividad suelen coincidir con variaciones drásticas en las normas legales o con la aparición de nuevas ayudas públicas directas.
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«La mayoría de los modelos asumen una curva de crecimiento suave en forma de S, pero la realidad es diferente. El crecimiento suele producirse en ráfagas, y si se ignora esto, se puede subestimar la velocidad de expansión de las tecnologías», apunta Avi Jakhmola. Este investigador basó su trabajo en observar la conducta real de más de 200 naciones diferentes para entender por qué algunos países avanzan y otros se quedan estancados durante años.
Entender que la transición hacia un aire más puro se mueve por impulsos ayuda a gestionar mejor las expectativas sobre el clima futuro. No basta con sentarse a esperar que la tecnología mejore por su cuenta; hace falta crear el contexto administrativo adecuado para que esos estallidos de actividad ocurran con más frecuencia. El destino de nuestra factura eléctrica depende de saber aprovechar cada una de estas ventanas de oportunidad que se abren de golpe.
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- Belén Valdehita
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