- La energía nuclear gana peso ante la caída de la producción renovable en verano.
- El Gobierno sopesa ampliar su uso tres años, pero con condiciones y tensiones internas.
- Endesa mueve ficha para evitar el cierre nuclear en España y pide un alivio fiscal esencial
Durante los meses más calurosos de este verano, la generación de electricidad en España ha sufrido varios cambios que pocos anticipaban. Y es que la producción de energías renovables, afectadas por la falta de viento y agua, no han logrado mantener el ritmo esperado.
En este inesperado escenario, la energía nuclear ha pasado de ser cuestionada a convertirse en un pilar indispensable del sistema eléctrico, abriendo un debate político y económico de alto voltaje sobre su continuidad.
La nuclear escala posiciones en el mix energético
Este verano, las centrales nucleares aportaron más de una quinta parte de la electricidad nacional, un incremento notable frente a años anteriores. La combinación de calor extremo, sequía prolongada y menor actividad eólica redujo la generación de fuentes verdes, dejando a la nuclear como segunda fuerza en la red, sólo por detrás de la fotovoltaica.

El repunte llega en un momento muy delicado: el plan oficial prevé iniciar el apagado nuclear en 2027, empezando por la central nuclear de Almaraz. Sin embargo, la coyuntura energética y la estabilidad del suministro vuelven a situar su continuidad en la mesa.
Los datos confirman un patrón que podría repetirse si los veranos siguen siendo más secos y calurosos. Por lo tanto, ante la volatilidad de las renovables, la energía nuclear ofrece un flujo constante de energía, lo que reabre un debate que se creía cerrado.
Condiciones del Gobierno para un aplazamiento nuclear
El Ejecutivo no descarta prolongar tres años la actividad nuclear, pero lo supedita a tres factores: protección ciudadana, suministro garantizado y evitar que suba el precio de la luz.
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Sara Aagesen, ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, afirmó que evaluarán «con rigor» cualquier propuesta que llegue de las eléctricas, siempre que se respeten estos parámetros. La cuestión fiscal también está sobre la mesa, ya que las empresas propietarias reclaman una reducción de impuestos para hacer viable el mantenimiento de las plantas.
Aunque estas condiciones parecen alcanzables desde el punto de vista técnico, la discusión política complica el escenario. Parte de la coalición gubernamental rechaza alterar el calendario pactado, advirtiendo que cualquier cambio podría incumplir acuerdos previos.
Fricciones políticas y negociaciones pendientes
La posibilidad de un aplazamiento nuclear ha generado tensiones dentro del propio Ejecutivo. Mientras algunos miembros valoran la estabilidad que aporta la energía nuclear en periodos críticos, otros insisten en cumplir el calendario inicial de cierres para acelerar la transición renovable.
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Las compañías eléctricas ya han solicitado una reunión formal para tratar el tema de la fiscalidad. Argumentan que, sin un alivio tributario, resulta inviable prolongar la vida útil de las instalaciones, pese a que el suministro lo agradecería.
El desenlace dependerá de un equilibrio complejo: garantizar electricidad sin encarecer la factura, cumplir compromisos políticos y asegurar la seguridad en las instalaciones. Si el Gobierno opta por flexibilizar su postura, deberá gestionar las exigencias técnicas y económicas, además de la presión interna de quienes consideran intocable el pacto de cierre nuclear.
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- Belén Valdehita
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Da temor pensar en quién pagará al final esta gran factura. Por mucho que la Ministra Aagesen afirme que no repercutirá en los consumidores, sabemos el escaso valor que tienen esas declaraciones.