- Acuerdo de París: el progreso climático se estanca y la COP30 de Brasil podría marcar un antes y un después en su desarrollo.
- Cambio climático mundial: los expertos piden pasar “de las promesas a la acción” ante una situación cada vez más urgente.
- Estados Unidos, fuera otra vez del Acuerdo de París. ¿Cuál será el rumbo energético del país a partir de ahora?
El debate sobre el cumplimiento del Acuerdo de París se ha reactivado tras la sesión celebrada por Fundación Naturgy y el Capítulo Español del Club de Roma, donde distintos especialistas coincidieron en que los esfuerzos actuales siguen siendo insuficientes. La conversación, desarrollada a finales de octubre, giró en torno al grado real de avance hacia los objetivos ambientales tanto en España como en el resto del mundo.
Durante la jornada, moderada por el periodista Manuel Planelles, participaron Óscar Barrero (PwC España) y Luis Robles (Liken Carbon Hub), junto a la directora general de la Fundación Naturgy, María Eugenia Coronado, y el vicepresidente del Club de Roma, José Manuel Morán. El consenso fue claro: el ritmo de reducción de emisiones globales no está en línea con las metas del Acuerdo de París, y la brecha entre lo prometido y lo alcanzado se amplía.
El debate se centró en un diagnóstico preocupante. “No están a la altura” fue la frase más repetida, en referencia a la falta de resultados concretos. La realidad climática actual, afirmaron, exige un replanteamiento profundo de las políticas ambientales antes de la COP30, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima que se celebrará del 6 al 21 de noviembre de 2025 en la ciudad brasileña de Belém. Esta conferencia se percibe como una cita esencial para reubicar el camino hacia una transición energética más efectiva.
El desafío de mantener viva la meta del Acuerdo de París
Los expertos coincidieron en que la temperatura global ya ha superado el límite simbólico de 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales, un umbral que el propio Acuerdo de París pretendía evitar. Según Barrero, “los resultados no han estado a la altura de los objetivos marcados”, y los datos respaldan su afirmación: en los últimos cinco años, las emisiones han aumentado un 4%, cuando deberían haber disminuido.

A pesar del tono crítico, también se indicaron otras señales de avance en sectores concretos. Cada vez más empresas y colectivos ciudadanos están actuando por iniciativa propia, conscientes de que el impacto climático no es un problema futuro, sino una realidad inmediata que afecta a las decisiones económicas y de consumo. En palabras de Barrero, “hay señales esperanzadoras, aunque la política avance más despacio”.
Esa brecha entre la acción privada y la respuesta pública fue uno de los puntos más debatidos. Los asistentes coincidieron en que la COP30 en Brasil podría ser una oportunidad para corregir el rumbo, siempre que los compromisos se traduzcan en medidas verificables y en una financiación real para los países más vulnerables. Además, subrayaron que España está bien situada para aportar soluciones gracias a su experiencia y a sus recursos energéticos.
España ante el reto climático y el Acuerdo de París
España, aunque responsable de una fracción mínima de las emisiones mundiales, se perfila como un territorio fundamental dentro del Acuerdo de París. Según Luis Robles, el país ha demostrado que es posible reducir emisiones y mantener el crecimiento económico, pero aún debe afrontar obstáculos en sectores como el transporte, la industria o la agricultura, donde la transformación energética avanza más despacio.
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Robles destacó que la COP30 puede marcar un punto de inflexión si logra transformar los compromisos en hechos tangibles. La atención estará puesta en la financiación climática y en la colaboración entre potencias como China, India o Estados Unidos, fundamentales para reequilibrar el escenario mundial de emisiones. En su opinión, el debate ya no es si actuar, sino cómo y con qué velocidad hacerlo.
La conversación también abordó la necesidad de diversificar las soluciones tecnológicas más allá de la electrificación. La descarbonización debe incluir la energía térmica, la eficiencia industrial y el refuerzo de las absorciones naturales. En este sentido, España tiene una oportunidad para reforzar su liderazgo y demostrar que la transición puede ser socialmente justa y económicamente viable.
Una crisis de gobernanza y una oportunidad de cambio real
Durante la clausura, José Manuel Morán fue contundente al afirmar que “vivimos una crisis mucho mayor que la del cambio climático, una crisis de gobernabilidad global”. Según él, el sistema internacional actual se enfrenta a divisiones profundas que dificultan los consensos. Y sin acuerdos globales sólidos será imposible alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.
Estos son los países que más contribuyen al aumento global de emisiones de CO2
Sin embargo, el tono final fue moderadamente optimista. Morán destacó el papel creciente de las ciudades, las empresas y la sociedad civil, que están entendiendo que avanzar hacia energías limpias es una exigencia ambiental, además de una oportunidad económica y social. España, señaló, “tiene la madurez necesaria para transformar el presente, no sólo imaginar el futuro”.
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