- La actual crisis internacional de los carburantes fósiles está acelerando a un ritmo de vértigo la electrificación de la economía mediante energías renovables.
- Este desorbitado encarecimiento del crudo empuja a los países europeos a buscar de manera urgente una independencia absoluta mediante tecnologías alternativas y limpias.
- El giro judicial en EE.UU. que salva el gran parque eólico de Ørsted frente al bloqueo de Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presume de dominar los pozos de Venezuela en un momento donde el precio del barril toca techos históricos. Sin embargo, su estrategia militar contra Irán esconde una trampa de la que no podrá escapar: está aniquilando el mercado de los combustibles fósiles. Al encarecer tanto el producto, obliga a los países a buscar una salida inmediata que no dependa de sus decisiones.
Este escenario es el mayor regalo posible para el sector ecológico mundial. Los países que sufren el chantaje de los precios actuales han decidido que la mejor defensa es la electrificación de la economía. Cuanto más sube la gasolina por las guerras, más rentable resulta instalar paneles solares y comprar coches eléctricos, acelerando un cambio que el presidente norteamericano siempre ha intentado frenar.
El gigante asiático domina la electrificación de la economía
Pekín contempla la situación con una sonrisa mientras las tropas estadounidenses agitan el mercado. Aunque los chinos son los mayores compradores de crudo del planeta, también controlan la fabricación de casi todos los componentes verdes. Su respuesta a las maniobras de la Casa Blanca ha sido contundente: acelerar su hoja de ruta oficial para abandonar el carbón y el fuel mucho antes de lo previsto.
El nuevo plan quinquenal de las autoridades chinas no nace de una conciencia ecológica, sino de una pura estrategia de supervivencia nacional. Han comprendido que el control de la energía solar y las baterías es la única forma de no estar a merced de los conflictos exteriores. Esta ventaja competitiva les permite inundar el mercado mundial con sus productos mientras el resto del mundo huye despavorido de los precios del petróleo.
Esta paradoja geopolítica sitúa al principal rival de Estados Unidos como el gran ganador de la crisis. Mientras Washington se aferra a un modelo del siglo pasado, los asiáticos se quedan con el pastel de la nueva movilidad y la generación eléctrica. La dependencia del crudo está muriendo a manos de quien más pretendía protegerla, dejando el camino libre a la hegemonía tecnológica de Oriente.
Europa sufre el segundo gran susto energético
La ofensiva contra los productores de petróleo ha borrado del mapa veinte millones de barriles diarios de golpe. Los expertos en economía advierten que este desplome del suministro ha disparado el coste de la energía por encima de los niveles soportables. Para las familias europeas, esto supone revivir la pesadilla de la escasez vivida hace poco por el conflicto en el este del continente. Aquel primer impacto ya dejó una lección aprendida: la única salvación es el ahorro y la búsqueda de fuentes propias.
Trump frena la transición energética global: La AIE recorta sus previsiones de renovables para 2030
Las instituciones en Bruselas tienen claro que no pueden cambiar un dueño por otro. Teresa Ribera, desde la Comisión Europea, insiste en que la única salida es fabricar nuestra propia energía mediante el viento, el Sol o con la energía nuclear. «El riesgo no es movernos demasiado rápido. El verdadero riesgo es movernos demasiado lento», afirma con rotundidad ante una escalada de precios que amenaza con arruinar la industria europea si no cambia ya su modelo.
Un encarecimiento fósil que acelera la electrificación de la economía
Michael Klein, exalto cargo del departamento financiero en Washington, sostiene que el presidente actúa sin medir las consecuencias reales de sus ataques. El economista es tajante sobre la falta de previsión del gobierno: «Hace muchas cosas sin darse cuenta. No creo que hayan pensado en las consecuencias de atacar Irán; ahora estamos lidiando con el día después». Y ese amanecer es mucho más verde de lo que esperaban.
Para expertos como Anupama Sen, de la Universidad de Oxford, la relación es matemática: cuanta más inestabilidad hay en el gas y el petróleo, más atractivas son las energías renovables. Estas energías son locales y protegen a los ciudadanos de los vaivenes políticos. «Si los precios del petróleo y el gas se disparan y son volátiles… eso debería llevarnos hacia energías renovables que sean domésticas, de casa», asegura la analista.
La gran ironía es que ahora los europeos prefieren comprar tecnología en Asia antes que seguir pagando facturas diarias a los países petroleros. Ahora resulta que es preferible depender de China para importar paneles solares y baterías que depender de petróleo y gas del Golfo. La diferencia es que un panel se paga una vez cada 25 años, mientras que el combustible de Trump hay que pagarlo cada mañana.
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- Belén Valdehita
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