- Los reactores nucleares modulares representan un cambio en la forma de producir electricidad con menos espacio y costes más reducidos.
- Google y otras compañías ya los incluyen en sus planes energéticos.
- Ayuso abre el debate de la energía nuclear en Madrid con un pionero plan de investigación
El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha abierto la puerta a nuevas investigaciones en torno a los reactores nucleares modulares, una alternativa que busca resolver los problemas de suministro eléctrico. La presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, ha señalado su intención de avanzar en este campo de la mano de varias consejerías.
Este nuevo interés no ha surgido de la nada. El pasado apagón de abril que dejó a gran parte del país sin luz volvió a poner sobre la mesa la fragilidad del sistema. Por este motivo, Carlos Novillo, consejero de Medio Ambiente, sugirió la posibilidad de impulsar proyectos piloto con este tipo de centrales más pequeñas que las tradicionales. Por ahora, la hoja de ruta oficial se centra únicamente en la fase de análisis e investigación. Será un trabajo coordinado que implicará a las áreas de Educación, Ciencia y Universidades, además de Medio Ambiente. Pero no se habla todavía de construcción.
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A nivel internacional, el movimiento está muy claro. Reino Unido, por ejemplo, ya ha seleccionado a Rolls-Royce para levantar sus primeras instalaciones de este tipo. El plan pasa por generar electricidad suficiente para millones de hogares en la próxima década, un paso que Madrid observa de cerca.
¿Cómo funcionan los reactores nucleares modulares?
Los reactores nucleares modulares (SMR, por sus siglas en inglés) siguen el mismo principio de fisión que las centrales clásicas, pero en un formato más compacto. Su capacidad de producción ronda los 300 MW frente a los más de 1.000 MW de una planta de gran tamaño, lo que implica menor consumo de recursos y mayor flexibilidad.
La marca Rolls-Royce ha diseñado un modelo basado en reactores de agua a presión (PWR). En este sistema, barras de uranio enriquecido se sumergen en agua, sometiéndose a reacciones de fisión que liberan calor. La presión evita que el líquido hierva, aunque alcanza temperaturas extremas. Ese calor se transfiere a un segundo circuito, donde se produce vapor que mueve turbinas y genera electricidad.
Además de la producción eléctrica, este tipo de tecnología tiene aplicaciones industriales. Puede usarse para generar hidrógeno, desalar agua o fabricar combustibles sintéticos. Así, los SMR no sólo producen energía, también se integran en procesos vinculados a la transición energética. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica, una instalación de este tipo puede producir más de siete millones de kWh al día. Es menos que una central convencional, pero su modularidad permite ir sumando unidades de manera escalonada, adaptándose a la demanda y sin grandes inversiones iniciales.
Ventajas y retos de los nuevos reactores
El atractivo de los reactores nucleares modulares no se limita a su tamaño. Al fabricarse en serie, sus componentes pueden ensamblarse en fábrica y transportarse después al lugar de instalación. Esto acorta de forma drástica los plazos: una planta puede estar lista en poco más de un año, mientras que una central nuclear clásica puede tardar cerca de una década en completarse. El ahorro no se limita al tiempo, también al espacio y a los recursos. Requieren menos terreno, menos agua de refrigeración y recambios de combustible más espaciados. Mientras las centrales grandes necesitan recargar cada uno o dos años, en los SMR el ciclo puede alargarse hasta siete años.
Otro punto clave es la seguridad. Al tratarse de sistemas más pequeños y con menos elementos interconectados, se reducen los posibles fallos humanos o mecánicos. Además, incorporan mecanismos pasivos que permiten detener el reactor sin necesidad de intervención externa, un aspecto pensado para responder ante emergencias.
Sin embargo, el debate público sigue abierto. Aunque tecnológicamente se presentan como una opción viable, aún no existen grandes proyectos en funcionamiento comercial fuera de los países pioneros. La cuestión política, económica y social será determinante para saber si España, y en particular la Comunidad de Madrid, dará el salto hacia este modelo.
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- Belén Valdehita
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