- El biogás en la Comunidad de Castilla y León se expande lentamente: cinco plantas activas, diez en obras y una treintena pendientes de autorización.
- La implantación del biogás divide a vecinos, políticos y ecologistas en la comunidad castellano-leonesa.
- El desarrollo industrial en Castilla y León pasa por impulsar el biogás
El mapa energético de Castilla y León vuelve a girar, esta vez hacia el biogás. De las quince instalaciones con permiso oficial, únicamente cinco están ya en marcha, mientras que otras diez más se levantan en distintas provincias y alrededor de treinta siguen atascadas en procesos administrativos.
El asunto va más allá de las cifras técnicas. El biogás se presenta como una solución para gestionar millones de toneladas de residuos orgánicos, pero al mismo tiempo despierta críticas por su posible impacto ambiental y por el modelo de ganadería que podría consolidar. La pugna entre oportunidades y riesgos está servida.
El avance del biogás: cifras y expectativas
La Comunidad Autónoma de Castilla y León cuenta con cinco plantas ya activas: dos en Salamanca, dos en Soria y una en Burgos. En conjunto, estas instalaciones tratan unas 330.000 toneladas de restos orgánicos al año. Según los planes oficiales, la capacidad se multiplicará por más de tres cuando entren en funcionamiento las diez plantas actualmente en construcción repartidas entre Salamanca, Valladolid, Palencia y León.

Las autoridades autonómicas destacan que los proyectos se someten a un control exhaustivo. Cada expediente incluye informes técnicos, jurídicos y ambientales, y está abierto a alegaciones públicas. Desde la Consejería de Medio Ambiente recalcan que el objetivo es “compatibilizar todos los intereses” relacionados con empleo, turismo, gestión de residuos y seguridad ciudadana.
El contexto europeo también se pone sobre la mesa. “En Alemania hay 10.000 plantas de biogás”, señalan fuentes de la Junta, que admiten la necesidad de un trabajo pedagógico para reducir el rechazo social. La clave, insisten, está en el aprovechamiento de estiércoles, purines y subproductos agrícolas para generar un gas que después puede convertirse en biometano.
Una energía renovable en el centro del debate
La producción de biogás se apoya en un dato contundente: Castilla y León genera cada año alrededor de 35 millones de toneladas de residuos orgánicos. Con una red suficiente de instalaciones, podría tratarse la mitad de ese volumen e inyectarse energía renovable en el sistema, contribuyendo además a los objetivos de descarbonización.
Biogás, su potencial y la necesidad de producir renovables no eléctricas
Los defensores remarcan el carácter local de esta energía. Los residuos se convierten en combustible aprovechable para autoconsumo en explotaciones agrarias o para uso doméstico e industrial. Un ejemplo, dicen, de economía circular que puede fijar población en áreas rurales.
Pero las críticas van a más. Ecologistas en Acción reconoce que el biogás puede reducir emisiones de metano y amoniaco, pero exige normas estrictas para evitar daños en entornos frágiles. Por su parte, la plataforma StopBiogás denuncia que el digestato, subproducto del proceso, puede contaminar acuíferos y suelos, y reclama limitar el tamaño de las plantas y su cercanía a pueblos.
Política, sociedad y futuro del biogás
En el plano político, el PSOE regional ha pedido una moratoria “sine die” hasta que se definan criterios claros y se garantice transparencia en la ubicación de las plantas. Al otro lado, la patronal autonómica defiende que se trata de un modelo que genera empleo y valor económico, aunque también pide más información pública para disipar dudas.
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La controversia alcanza a vecinos de distintas comarcas, donde algunos colectivos temen que estas instalaciones favorezcan un modelo de “ganadería industrial insostenible”. Mientras tanto, la Junta insiste en que los proyectos deben verse como una oportunidad para diversificar la matriz energética de Castilla y León.
El futuro inmediato dependerá de cómo evolucione la tramitación de las treinta plantas pendientes. Si todas avanzan, el volumen de residuos tratados se disparará, y la Comunidad podría situarse a la cabeza de esta tecnología en España. Lo que está claro es que el biogás, lejos de ser un asunto técnico, se ha convertido en un terreno de batalla política, social y ambiental.
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- Belén Valdehita
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¡Qué tormenta de opiniones sobre el biogás en Castilla y León! Pienso que es más emocionante que ver a un torero con un toro rebelde. Los defensores viven la energía renovable como si fuera el futuro, mientras los críticos la ven como una pesadilla ecológica. Y los políticos, ¡qué habilidad para moverse entre los intereses de todos! La única certeza es que esta batalla seguirá caliente mientras esperamos ver qué pasará con esas treinta plantas atascadas. ¡El biogás ya es más complicado que elegir qué comer en una comida de empresa!app đếm ngược ngày sinh nhật