- Las zonas de bajas emisiones marcan el ritmo urbano en 2025.
- Un estudio muestra una serie de cambios determinantes en las decisiones sobre transporte ante las zonas de bajas emisiones
- Estas son las emisiones que han tomado el relevo como las más contaminantes del transporte
En España, los debates sobre movilidad vuelven a ganar espacio. La aprobación de la Ley de Movilidad Sostenible y la expansión de las zonas de bajas emisiones han movido la conversación a la calle, sobre todo porque ya afectan a buena parte de la población. El nuevo informe del Observatorio Cetelem recoge cómo estos cambios están alterando los desplazamientos cotidianos, las decisiones de compra y las prioridades entre generaciones.
La imagen que ofrece el estudio es amplia: desde jóvenes que ya viven rodeados de restricciones urbanas hasta trabajadores que empiezan a replantearse si seguir usando su coche cada mañana. También aparecen nuevas pautas para elegir vehículo, donde la etiqueta ambiental se convierte en un criterio decisivo antes incluso de mirar el modelo.
Cómo influyen las zonas de bajas emisiones en la vida diaria
El informe refleja que casi la mitad de los consultados convive o se desplaza con frecuencia a espacios donde rigen límites para los vehículos más contaminantes. Ese porcentaje, situado en torno al 45%, muestra el alcance real de las zonas de bajas emisiones. El dato sube con fuerza entre quienes se encuentran entre los 25 y los 29 años, un tramo de edad que dice verse afectado en un 58%, bastante por encima del resto.

Más allá de quién cruza estos perímetros a diario, lo relevante es la percepción generacional. Para muchos jóvenes, estas áreas forman parte del entorno urbano desde el inicio de su vida laboral, lo que explica una mayor adaptación a los nuevos requisitos de circulación. Mientras tanto, otros grupos de edad experimentan el cambio como una modificación reciente que condiciona sus rutinas de desplazamiento.
El acceso, la circulación y el estacionamiento pasan a depender de la clasificación ambiental del vehículo. Este esquema, ya conocido en las grandes ciudades, ahora aparece en municipios más pequeños, ampliando el número de ciudadanos que deben reorganizar trayectos o valorar alternativas de transporte.
Trabajadores que se plantean dejar el coche: una tendencia que crece
Según el estudio, el 46,3% de los encuestados reconoce haber pensado en dejar de usar su coche para ir al trabajo. El interés es especialmente alto entre quienes tienen entre 45 y 49 años, grupo donde el porcentaje sube hasta el 54%. El informe muestra así una tendencia que supera el debate teórico: buena parte de la población estudia seriamente cómo reorganizar su movilidad laboral.

Las opciones que más suenan entre quienes contemplan este cambio son el transporte público, citado por un 34,8%; la bicicleta, que suma un 26,2%, y los desplazamientos a pie, con un 14,4%. Cada generación muestra ligeras diferencias: quienes rondan los 45-49 años mencionan el transporte público con más frecuencia que el resto, mientras los menores de 30 apuestan con más fuerza por la bicicleta, tanto propia como de servicio municipal.
Los coches eléctricos ya no son el futuro: son el presente más rentable para Europa
Estas cifras ayudan a entender por qué proliferan los carriles bici, las nuevas paradas de autobús y los servicios de préstamo. Los hábitos se mueven, y con ellos, las infraestructuras. El estudio sugiere que el coche privado, aunque sigue siendo protagonista, pierde algo de terreno en desplazamientos diarios.
La etiqueta ambiental pasa a ser decisiva en la compra de vehículos
Uno de los puntos más llamativos del informe es el peso que ha adquirido la etiqueta ambiental a la hora de elegir coche. Ocho de cada diez personas que planean comprar uno en los próximos doce meses afirman tener muy claro qué distintivo deben buscar. Este criterio, que se aplica tanto a vehículos nuevos como usados, se ha instalado en la conversación habitual entre los compradores.
Entre los conductores más jóvenes, de 25 a 29 años, el nivel de decisión es aún mayor: un 89% dice saber qué etiqueta deberá llevar su futuro coche. Esta sensibilidad generacional se explica por la convivencia más directa con las zonas de bajas emisiones, donde el distintivo influye en la posibilidad de circular.
Respecto al tipo de vehículo, casi siete de cada diez se inclina por un coche nuevo, mientras que un 30% apuesta por uno de ocasión. Las preferencias cambian según la edad: quienes tienen entre 45 y 49 años destacan por su mayor inclinación hacia el coche nuevo, mientras que los de 60 a 64 años muestran más interés por el mercado de segunda mano. Incluso en este último caso, el 76% señala que la etiqueta será clave para decidir la compra.
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