- El cierre de las nucleares en España ya deja un vacío financiero de 11.600 millones, sin un plan claro de financiación.
- La clave del cierre nuclear es quién pagará los costes crecientes del desmantelamiento y gestión de residuos.
- Energía nuclear en España: giro inesperado y debate abierto sobre su futuro inmediato
Se suponía que los ciudadanos no iban a pagar el cierre de las nucleares, pero ya hay un agujero de 11.600 millones de euros en la factura. Lo que se planteaba como un proceso ordenado y autosuficiente se ha transformado en un laberinto de cifras que no cuadran y en disputas abiertas entre compañías y Gobierno.
El problema ya no se reduce a una cuestión energética. Ahora se ha convertido en un debate financiero y político de gran envergadura. El fondo destinado a cubrir el desmantelamiento y la gestión de residuos se queda corto, mientras que los actores implicados buscan cómo tapar la brecha sin trasladarla a los consumidores.
Una factura del cierre de las nucleares que no para de crecer
Los números sobre la mesa son contundentes. El coste total estimado del desmantelamiento y de la gestión de residuos supera los 20.367 millones de euros. La mayor parte se concentra en el desmontaje de los reactores, con más de 17.500 millones, mientras que la llamada “tarifa eléctrica”, asociada al combustible gastado, ronda los 2.846 millones. El resto corresponde a actividades complementarias, como las operaciones vinculadas a Enusa en Salamanca.

El fondo que financia el proceso del cierre de las nucleares se nutre de aportaciones de las empresas eléctricas. Sin embargo, a finales de 2024 sólo acumulaba 8.677 millones, pese a la subida del 30% aplicada en la tasa Enresa desde el verano anterior. Eso equivale a apenas un 43% de lo necesario. La diferencia, 11.690 millones, es la brecha que amenaza con tensar aún más el debate sobre quién se hace cargo.
El 7º Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR), aprobado en 2023, añadió otro elemento: la renuncia al proyecto del almacén centralizado de Villar de Cañas y su sustitución por almacenes temporales en cada central. Con unas previsiones hasta el año 2100 y un cierre definitivo previsto para 2035, los cálculos financieros se vuelven cada vez más inciertos.
Choque frontal de empresas y Gobierno
El sector eléctrico no oculta su malestar. Iberdrola y Endesa han recurrido en los tribunales la subida de la tasa Enresa y reclaman compensaciones por lo que consideran un sobrecoste inasumible. También presionan para reabrir el calendario del cierre de las nucleares, bajo el argumento de que prolongar la vida útil de los reactores aliviaría la tensión sobre el sistema energético y repartiría mejor los gastos.
Según la consultora EY, España soporta la mayor carga fiscal nuclear de Europa, con más de 27 euros por megavatio hora en gravámenes específicos. Ese nivel de presión, sostienen las compañías, las sitúa en desventaja frente a otros países y limita su capacidad para competir.
El Gobierno, por su parte, marca una línea roja: los ciudadanos no asumirán los costes adicionales. La ministra Sara Aagesen condiciona cualquier cambio a tres requisitos: que no haya impacto en la factura de los hogares, que se garantice la seguridad de suministro y que las centrales cumplan con los estándares del Consejo de Seguridad Nuclear. El secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, resumió la postura oficial con una frase directa: “Quieren que parte de los costes del desmantelamiento lo paguemos entre todos, y eso no lo vamos a trasladar al conjunto de la ciudadanía”.
El futuro tras el cierre de las nucleares
El escenario no sólo depende de cifras nacionales. El ejemplo francés muestra lo imprevisible de estos proyectos: en 2025, la agencia Andra elevó hasta un 60% los costes previstos para su almacenamiento geológico. Ese precedente hace pensar que en España las previsiones tampoco son definitivas.
Energía nuclear en España: giro inesperado y debate abierto sobre su futuro inmediato
El noveno Plan de I+D de Enresa (2024-2028) incluye apenas 31 millones de euros para mejorar materiales de confinamiento, contenedores y posibles soluciones de almacenamiento. Una cantidad muy pequeña frente a las magnitudes en juego, pero que busca preparar el camino hacia un almacén geológico profundo proyectado para 2072.
La paradoja energética añade presión. Mientras Europa celebra récords de producción solar, las facturas de la luz siguen disparadas por la falta de sistemas de almacenamiento. En ese hueco, la energía nuclear ha actuado como respaldo, pero su retirada plantea si el sistema eléctrico podrá mantener la estabilidad sin encarecer aún más el precio de la electricidad.
- Belén Valdehita
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