- El nuevo proyecto de la Universidad de Burgos (UBU) optimiza el reciclado de baterías de litio mediante un sistema de flujo que regenera los materiales sin separarlos.
- Gracias a este avance, el reciclado de baterías de litio deja de ser un gasto inviable para convertirse en una solución energética real.
- El fin de las baterías viejas: el nuevo negocio millonario que busca recuperar el litio de tu coche eléctrico
El incremento masivo de vehículos con motorización eléctrica por las carreteras de todo el continente europeo ha puesto sobre la mesa un problema por resolver, hasta ahora: qué hacer con los componentes internos cuando se agoten. Hasta este momento, los sistemas para tratar estos elementos resultaban extremadamente caros y poco eficientes, lo que convertía la supuesta ecología del coche eléctrico en un problema de difícil solución por la cantidad de energía necesaria para procesarlos de nuevo.
Sin embargo, un grupo de científicos de de la Universidad de Burgos ha dado con una técnica que permite dar una segunda oportunidad a las baterías agotadas de forma sencilla. Su propuesta consiste en recuperar el material interno para que vuelva a rendir con su capacidad original. Este proceso evita que tengamos que comprar materiales a otros países y reduce de forma drástica la suciedad que genera la industria del transporte actual.
Un problema de residuos para el reciclado de baterías de litio
Las técnicas que se emplean actualmente para procesar los acumuladores de energía tienen fallos económicos muy difíciles de superar para las empresas del sector. Gimena Marín Tajadura, investigadora del equipo ProElectro, afirma de forma tajante que «los procesos actuales de reciclado son tan energéticamente demandantes que el reciclado de baterías desechadas para fabricar baterías nuevas no es económicamente viable». Esta barrera financiera impide que las fábricas se tomen en serio la recuperación de materiales y prefieran extraerlos de la tierra.

La acumulación de estos componentes en vertederos o naves industriales es una amenaza que los expertos ya tienen marcada en el calendario de forma urgente. Virginia Ruiz Fernández, que ejerce como docente en el mismo grupo de la UBU, lanza un aviso que debería preocupar a los fabricantes: «El problema lo tenemos de aquí a una década, cuando las baterías de todos los vehículos eléctricos lleguen al final de su vida». El tiempo para buscar una salida se agota mientras el parque móvil sigue creciendo sin parar.
Además del coste en dinero, el daño que se causa a la naturaleza es muy elevado debido al empleo de sustancias químicas muy agresivas en las plantas industriales. Estos sistemas tradicionales resultan «bastante contaminantes» y utilizan «productos químicos tóxicos, que luego, a su vez, suponen otro problema de residuos para el medio ambiente». La técnica burgalesa llega precisamente para eliminar esa dependencia de los ácidos y los corrosivos que terminan dañando los ecosistemas cercanos a las plantas de tratamiento.
El reciclado de baterías de litio mediante cables moleculares
La propuesta que ha surgido en la Universidad de Burgos utiliza un ingenioso tanque de flujo para tratar el cátodo, que es la pieza con más valor comercial de toda la celda energética. El primer paso del trabajo consiste en extraer este elemento específico y transformarlo en pequeñas esferas o “pellets” que son mucho más fáciles de manejar en la cadena de producción. Es una forma de trabajar totalmente distinta a la fundición tradicional, lo que permite ahorrar una cantidad de luz y calor muy significativa en la fábrica.
Una vez que estos materiales están preparados, se introducen en un sistema donde entran en contacto con unos conductores llamados cables moleculares. Estos filamentos microscópicos se encargan de inyectar electrones directamente al material que ya no tenía fuerza, logrando que se regenere por dentro sin necesidad de romper su estructura química. De este modo, el componente recupera su vigor y puede volver a guardar energía como si fuera totalmente nuevo, simplificando el mantenimiento de los coches de forma radical.
Edgar Ventosa Arbaizar, que lidera el grupo ProElectro de la UBU, subraya que han conseguido una técnica de recuperación para celdas de ion que gasta mucha menos electricidad que las actuales. Esto ayuda a que las empresas ganen más dinero al procesar la basura, además de reducir la necesidad de comprar «materias primas críticas que en la Unión Europea no tenemos». Es una forma de ganar soberanía energética y no depender de lo que dicten otros mercados más lejanos o políticamente inestables.
El éxito de la patente y el futuro de la sostenibilidad
Al no tener que usar compuestos químicos agresivos, la huella que deja este proceso en el entorno es casi inexistente si se compara con la minería de superficie. «No vamos a generar residuos ácidos, que son corrosivos, sino que directamente utilizando compuestos químicos bastante benignos […] estamos abordando la problemática ambiental claramente», explica Ventosa sobre la seguridad de su invento. El objetivo es que la industria del motor sea limpia desde que el coche sale del concesionario hasta que se desguaza.
Este trabajo científico es el resultado de una unión de fuerzas entre el ICCRAM burgalés, el Departamento de Química, el instituto IMDEA Energía de Madrid y algunos centros británicos. Juntos han demostrado que se puede limpiar el sector de la movilidad sin crear nuevos focos de suciedad química en el proceso de recuperación de los metales. La colaboración entre instituciones ha sido la llave para que este sistema funcione y sea fácil de instalar en cualquier planta de tratamiento de residuos moderna.
Para que este descubrimiento no se quede encerrado en un laboratorio y pase pronto a las naves industriales, el equipo ya ha asegurado la propiedad intelectual mediante una patente. Este blindaje legal es el paso previo necesario para que las grandes compañías eléctricas y de automoción puedan comprar la tecnología. Así, el conocimiento que ha nacido en las aulas de la Universidad de Burgos se convertirá en una herramienta real para proteger el planeta y generar puestos de trabajo especializados.
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