- Se está renovando el sistema eléctrico eléctrico español para adaptarlo a un modelo de mercado capaz de repartir capacidades reactivas adicionales.
- Energía renovables y consumidores pasan a jugar un papel activo en la regulación del sistema.
- ¿Cómo funciona el sistema eléctrico? Este es el recorrido de la energía desde la generación hasta tu hogar
El sistema eléctrico español sigue adelante con su transformación. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha reformulado las reglas que determinan cómo se estabiliza la tensión en la red. Lo que antes era tarea casi exclusiva de las centrales tradicionales, ahora será compartido también por las energías renovables y los consumidores.
Este rediseño de las normas busca que todas las tecnologías puedan intervenir activamente, y ya no sólo cumpliendo mínimos técnicos, también participando en un modelo con incentivos. Estamos ante una revisión a fondo que busca eficiencia, dinamismo y equilibrio en un sistema eléctrico que ahora mismo se enfrenta a más retos que nunca.
Nuevas reglas, mismo objetivo: garantizar la estabilidad del sistema eléctrico
Desde hace años, las plantas eléctricas convencionales, como las térmicas e hidroeléctricas, están obligadas a intervenir en el control de tensión. Las fuentes renovables, como la solar o la energía eólica, se sumaron más tarde al sistema eléctrico, pero ahora el marco normativo cambia de forma sustancial para tratar a todas por igual.
Con esta actualización, se igualan responsabilidades entre tecnologías y se les anima a proporcionar más recursos al operador del sistema. Todas deberán seguir garantizando un servicio básico, pero además podrán ofrecer servicios adicionales bajo demanda.
Además de establecer un suelo común, se activa un mecanismo de mercado que asigna capacidad reactiva extra. Esta vía busca que se desarrollen nuevas infraestructuras y mejoras tecnológicas para responder mejor a las necesidades de tensión en tiempo real. Se trata de un giro importante: se pasa de un esquema centrado en el cumplimiento técnico a uno basado en señales económicas. Así, cada instalación podrá decidir cómo y cuándo aportar según su capacidad y los incentivos disponibles.
Los ensayos que allanaron el camino al nuevo modelo de sistema eléctrico
Este rediseño del sistema eléctrico no surge de la nada. Dos proyectos piloto, iniciados en 2022 y 2023, permitieron evaluar si era viable aplicar un sistema más flexible y eficiente. En el primero, se comprobó que la generación renovable podía responder a consignas de control de tensión de forma ágil y eficaz.
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Uno de los hallazgos esenciales fue que las plantas renovables mostraron una gran capacidad de aportar potencia reactiva, incluso cuando su producción activa era baja. Esto rompe con la idea de que sólo las centrales convencionales pueden ofrecer estabilidad. El segundo experimento, centrado en la demanda, demostró que los consumidores también pueden contribuir activamente al control de tensión si existen incentivos económicos claros. Ajustando su consumo de potencia reactiva, ayudaron a estabilizar la red de forma significativa.
Ambos ensayos sirvieron de base para la propuesta final del operador del sistema, remitida a la CNMC en marzo de 2024. Esta versión, que ya ha pasado por la audiencia pública, es la que se ha aprobado oficialmente el pasado 12 de junio.
Europa manda: hacia una red más armonizada y competitiva
Esta reforma no está aislada. Forma parte de un movimiento más amplio para adaptar el sistema eléctrico español a las directrices comunitarias, como la Directiva (UE) 2019/944 y el Reglamento (UE) 2019/943. El objetivo común es tener un mercado energético más competitivo, conectado y eficiente en todo el continente.
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Desde la integración de algoritmos de casación europeos como Euphemia, hasta la negociación de energía en franjas de quince minutos, España ha ido poniéndose en línea poco a poco con el marco europeo. Ahora le toca el turno al control de tensión. Este servicio, que tradicionalmente se prestaba bajo criterios técnicos y sin remuneración directa, se convierte así en uno más dentro del ecosistema de servicios de ajuste, donde la oferta y la demanda de capacidad reactiva se regulan también vía mercado.
Además, se abren las puertas a tecnologías que antes quedaban fuera del reparto. La hibridación, el almacenamiento y la respuesta activa de la demanda son ahora actores relevantes en un sistema que distingue tanto por el origen de la electricidad como por su capacidad de aportar estabilidad. Por tanto, se pasa de un modelo técnico a otro con incentivos y apertura al mercado, en el que todos, desde las renovables hasta los consumidores, juegan un papel fundamental para mantener la red bajo control.
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