- El cierre temporal de un reactor en la central nuclear de Almaraz evidencia la tensión actual entre las grandes eléctricas y el sistema de impuestos vigente en España.
- La dirección de la central nuclear de Almaraz justifica este parón por los bajos precios del mercado y la enorme carga tributaria que soportan sus operaciones diarias.
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Las grandes compañías energéticas están agitando el tablero eléctrico nacional. La noticia saltó este 3 de marzo cuando se confirmó que uno de los corazones de la planta extremeña dejaba de latir momentáneamente. No se trata de una avería, sino una decisión económica que pone de relieve el clima de tensión entre las empresas y la administración.
Iberdrola y Endesa, junto a Naturgy, sostienen que producir energía ahora mismo en la central nuclear de Almaraz no sale a cuenta. Entre el clima y los impuestos, las cuentas no terminan de cuadrar, provocando un escenario de incertidumbre sobre el calendario de cierre definitivo que sobrevuela el sector desde hace meses.
El motivo real del parón en la central nuclear de Almaraz
El reactor secundario ha cesado su funcionamiento tras no encontrar sitio en la subasta diaria de energía. Los precios que pedía la planta no encajaron con lo que el mercado estaba dispuesto a pagar en ese instante preciso, dejando la producción en un limbo financiero que ha forzado la desconexión.

Todo ocurre mientras las lluvias y el viento llenan el sistema de electricidad barata. Al haber tanta oferta de fuentes hidráulicas por el elevado número de borrascas, la producción atómica se ha visto desplazada, haciendo que las plantas se queden fuera del sistema eléctrico por falta de demanda a ese coste.
Desde la propia instalación aclaran que no ha habido ninguna petición de emergencia por parte de Red Eléctrica para mantener el flujo. Simplemente, «al no resultar casada» en la puja de precios, la maquinaria ha tenido que dejar de girar por puro pragmatismo empresarial y falta de margen de beneficio.
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Seguridad y costes en la central nuclear de Almaraz
A pesar del silencio del reactor, los responsables envían un mensaje de calma total a la población de Cáceres. Aseguran que la unidad 2 se encuentra «en perfectas condiciones técnicas y de seguridad», cumpliendo con todos los protocolos habituales. Esta maniobra «entra dentro de la normalidad» operativa del complejo.
La maniobra se ha trasladado debidamente al Consejo de Seguridad Nuclear para que conste en los registros oficiales. Se trata de un movimiento contemplado en sus manuales, mientras la unidad 1 sigue vertiendo energía al sistema sin contratiempos, trabajando al máximo de su capacidad disponible en estos momentos.
El problema no es técnico, se trata de una cuestión de cartera. Los gestores denuncian que su viabilidad «está seriamente comprometida por la inasumible carga impositiva«. Según sus cifras, los tributos devoran más del 75% de lo que cuesta generar electricidad, lo que convierte cualquier bajada de precios de mercado en un número rojo.
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Un desafío político para el futuro de la energía
Este parón es mucho más que un tema de vatios y megavatios, es un mensaje político cifrado. Las compañías energéticas llevan tiempo quejándose de que los gravámenes asfixian el negocio, y este movimiento funciona como una prueba de fuerza ante el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en un contexto de precios de la luz muy volátiles.

La planta tiene fecha de caducidad fijada para el año 2027, pero los propietarios quieren estirar su vida útil. El objetivo es llegar a 2030, algo que choca con los planes actuales de transición del Gobierno. La reducción de la presión fiscal es la moneda de cambio que exigen para seguir operando.
La central nuclear de Almaraz reitera que, a pesar de todo, siguen siendo competitivos en sus tareas diarias y eficiencia. Sin embargo, el aviso no puede ser más claro: si las condiciones impositivas no varían, el mantenimiento de estas infraestructuras se vuelve una cuesta arriba difícil de justificar para sus accionistas frente a otras fuentes de energía.
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- Belén Valdehita
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