- La energía eólica marina generada en gigantescos parques del Mar del Norte es inyectada a la red eléctrica europea, pudiendo llegar hasta puntos de carga para coches eléctricos en el sur de Europa.
- Proyectos de interconexión como NordLink y las nuevas conexiones pirenaicas permiten este flujo de electricidad renovable, clave para la transición energética y la descarbonización del transporte.
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El simple gesto de enchufar un coche eléctrico en Madrid o Barcelona puede tener un origen insospechado: el viento que azota el Mar del Norte. Gigantescos parques eólicos marinos situados a cientos de kilómetros están conectados directamente con nuestra movilidad gracias a una red de interconexiones eléctricas que convierte a Europa en un mercado energético único. Este «milagro eléctrico» no es casualidad, sino el resultado de una estrategia concertada para aprovechar los recursos renovables donde son más eficientes y distribuirlos donde más se necesitan, impulsando la descarbonización de forma colaborativa.
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Parques eólicos marinos: las gigafactorías de energía verde
En aguas del Mar del Norte se erigen algunos de los parques eólicos marinos más grandes y potentes del planeta. Instalaciones como Hornsea 2 en Reino Unido, con 1,3 gigavatios (GW) de capacidad, o Borssele en Países Bajos, son auténticas centrales eléctricas verdes.
Según datos de WindEurope, Europa superó los 20 GW de energía eólica marina operativos en 2024. Además, se prevé multiplicar por cuatro esta capacidad de aquí a 2030. Esta energía no se consume únicamente en sus países de origen. Por el contrario, fluye a través de una red paneuropea, demostrando que la generación renovable es un esfuerzo continental.
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Las autopistas eléctricas submarinas que unen Europa
La clave técnica que hace posible este intercambio reside en los cables submarinos de alta tensión (HVDC). Estas autopistas energéticas cruzan mares y fronteras con pérdidas mínimas. Proyectos emblemáticos incluyen:
- NordLink: Un cable de 623 km entre Noruega y Alemania con capacidad de 1,4 GW, que intercambia energía hidroeléctrica por eólica.
- BritNed: Conecta el mercado eléctrico de Reino Unido con Países Bajos.
- Nuevas interconexiones con España: Tradicionalmente una «isla energética», España está reforzando sus lazos. La interconexión a través de los Pirineos se está ampliando y un nuevo cable por el Golfo de Vizcaya duplicará la capacidad de intercambio con Francia.
Gracias a esta red, la energía eólica marina generada en el norte puede contribuir significativamente al mix eléctrico del sur. Red Eléctrica de España (REE) ha reportado que la interconexión con Francia llegó a aportar hasta un 5% de la electricidad consumida en España en momentos puntuales de 2024.

Impacto directo en la movilidad eléctrica y el medio ambiente
Este flujo de energía limpia tiene una consecuencia directa y positiva para la movilidad eléctrica. Cuando un vehículo eléctrico se carga en España con electricidad proveniente de aerogeneradores del Mar del Norte, su huella de carbono se reduce drásticamente.
De acuerdo con la Agencia Europea de Medio Ambiente, un coche eléctrico cargado con energía renovable puede emitir hasta un 90% menos de CO₂ a lo largo de su vida útil en comparación con un vehículo de combustión. Por lo tanto, cada kilómetro recorrido con esta electricidad es un paso firme hacia la movilidad sostenible.
Desafíos y futuro de una red energética interconectada
Esta interdependencia, aunque beneficiosa, presenta retos. La dependencia de una red tan extensa exige una alta coordinación y robustez. Un fallo técnico en un punto crítico puede afectar a varios países. Asimismo, la seguridad de las infraestructuras críticas, como los cables submarinos, se ha convertido en una prioridad geopolítica para la Comisión Europea.
A pesar de estos desafíos, el futuro pasa por reforzar estas conexiones. Los planes europeos apuntan a 110 GW de eólica marina para 2040. Paralelamente, España prevé 5 millones de vehículos eléctricos en circulación para 2030, según el PNIEC.
En definitiva, la movilidad limpia en España dependerá cada vez menos de recursos locales y más de una red inteligente y colaborativa. Será, en esencia, un proyecto común europeo.
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Licenciado en Biología por la Universidad Complutense de Madrid, amante de la naturaleza tal y como deberíamos haberla conocido. Aun hay esperanza.





















