- ¿Bomba de calor o calderas tradicionales? Las primeras no generan emisiones locales, permiten calefacción y refrigeración y se integran con la energía solar. ¿Son la mejor elección?
- La decisión pasa por el tipo de vivienda, el clima y, sobre todo, el presupuesto inicial
- ¿Cómo funciona el sistema eléctrico? Este es el recorrido de la energía desde la generación hasta tu hogar
Climatizar una vivienda es una de las decisiones más importantes para el hogar. Así, se ha de elegir el sistema adecuado tanto para la calefacción como para la refrigeración. Tradicionalmente, las calderas de gas, gasoil o incluso de pellets han sido las más extendidas. Sin embargo, las bombas de calor están ganando terreno como una alternativa más sostenible y más eficiente.
Con este artículo, pretendemos disipar tus dudas comparando ambos sistemas para ayudarte a determinar cuál es el más adecuado para tu hogar.
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Así funcionan ambos sistemas
Las calderas tradicionales queman combustible (gas natural, gasoil, biomasa etc) para calentar el agua que posteriormente se distribuye por los radiadores o suelo radiante. Este calor, que se produce por combustión, implica emisiones directas de CO2.
Por su parte, las bombas de calor extraen el calor del aire, del suelo o del agua y lo transfieren al interior del hogar. Además, pueden funcionar para calefacción en invierno o para refrigeración en verano y no requieren del proceso de combustión.
¿En qué casos conviene instalar cada dispositivo?
Las bombas de calor son especialmente recomendables para viviendas bien aisladas o de nueva construcción, en zonas con inviernos de suaves a moderados. También son muy atractivas para usuarios interesados en autoconsumo solar y con necesidad de calefacción y refrigeración.
Por su parte, las calderas tradicionales se encuentran en viviendas antiguas, sin grandes posibilidades de reforma y en zonas muy frías, en las que la bomba de calor puede perder eficiencia.
¿Bomba de calor o caldera tradicional? ¿Cuál es más rentable?
Si comparamos en términos de eficiencia, las bombas de calor son claramente superiores. No en vano, obtienen un coeficiente de rendimiento de entre 3 y 5, lo que supone que, por cada kWh de electricidad consumido, genera hasta 5 kWh térmicos. Por su lado, una caldera de combustión tiene un rendimiento medio del 80 al 95%, ya que en el proceso de combustión se pierde parte de la energía generada.
Otra de las grandes ventajas de la bomba de calor es que utiliza electricidad como fuente de energía, permitiendo integrarla con sistema de autoconsumo fotovoltaico. En cambio, las calderas dependen de combustibles fósiles en su gran mayoría. Con ello llegamos al apartado de las emisiones, en el que ganan las calderas tradicionales, dada la quema de combustible.
De igual manera, las bombas de calor cuentan con la ventaja de la versatilidad, ya que muchas proporcionan tanto calefacción como refrigeración, por lo que son útiles durante todo el año. Esta es una prestación que las calderas no pueden ofrecer.
Por último, las bombas de calor tienen un precio de instalación más elevado, pero sus costes operativos son menores gracias a su alta eficiencia. Así, la inversión se recupera en pocos años. Cabe destacar también que requieren de menos mantenimiento que las calderas y su vida útil es igual o superior.
¿Cuál es la mejor opción?
Pese a que las calderas tradicionales cuentan con nuevos modelos mucho más eficientes, las bombas de calor son superiores en esos términos, son sostenibles y más económicas a largo plazo. Si bien es cierto que su instalación puede ser más costosa, se trata de una inversión de futuro, sobre todo si se combinan con sistemas de autoconsumo.
Imágenes: DepositPhotos.
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