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El Brexit energético

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Pedro González, de UNESA, desgrana en este artículo algunos de los elementos más interesantes para el sector energético que sin duda formarán parte del proceso de negociación que se ha abierto entre el Gobierno británico y la Unión Europea tras el Brexit y que, por su importancia, van a generar un notable interés y seguimiento.

Se activó el Brexit. La notificación por parte del Gobierno británico de que desea abandonar la Unión Europea bajo el Artículo 50 del Tratado de Lisboa inicia el proceso de desconexión del Reino Unido y abre el periodo de negociación entre las partes. El impacto potencial afecta a numerosos mercados entre los lógicamente se encuentra, por su importancia, el de la energía.

Además, se trata de un proceso que, a su vez, abre el marco de negociación para un futuro acuerdo comercial entre las dos partes que lógicamente también impactará en el sector energético y en toda la economía en su conjunto.

Hasta ahora el Reino Unido ha sido un actor clave en cuatro de los principales procesos lanzados en las distintas directivas europeas aprobadas en los últimos 20 años: la liberalización  de las actividades que están sujetas a la competencia, el impulso para la creación de un  verdadero mercado único de la energía, la importancia de la seguridad del suministro energético y la lucha contra el cambio climático.

Todas ellas pasan a ser ahora elementos de negociación en lo que todos esperamos que se convierta en una relación futura mutuamente beneficiosa para ambas partes.

Así que ahora toca ver el detalle de algunos de los elementos más interesantes que sin duda
formarán parte de la negociación y que, por su importancia, van a generar un notable interés y
seguimiento. Aquí avanzo algunos que a mi juicio son trascendentales.

“Cuando la Unión Europea ratificó el Acuerdo de París lo hizo con unos compromisos que son los mismos con o sin el Reino Unido, por lo que la salida obligaría a aumentar el esfuerzo al resto de países”

El primero de estos elementos yo lo situaría sin duda en los compromisos de reducción de emisiones de CO2. Cuando la Unión Europea ratificó el Acuerdo de París lo hizo con unos compromisos que son los mismos con o sin el Reino Unido, por lo que la salida obligaría a aumentar el esfuerzo al resto de países, con el consiguiente incremento en los costes por el  reparto de este nuevo esfuerzo.

En este sentido el Reino Unido era uno de los países con objetivos más ambiciosos, de manera que la posibilidad de mantener un objetivo conjunto o hacerlo por separado será un elemento de negociación muy interesante por la repercusión que acabará teniendo.

Esto nos lleva al siguiente elemento, el mecanismo de derechos de emisiones de CO2 , el ETS, como parte indispensable del cumplimiento de los objetivos climáticos. Falta por ver si el Reino Unido pretende mantenerse dentro del esquema de funcionamiento del diseño actual europeo, en el que hay países fuera de la UE, como Noruega, que están adheridos.

Abandonar el mecanismo de emisiones supondría una ventaja competitiva para la industria británica sobre la europea, algo que no parece que sea muy plausible dentro del marco de la negociación, por lo que la permanencia en el mecanismo o la creación de un sistema similar pasan por ser las soluciones más factibles.

Con respecto a la seguridad del suministro la salida del Reino Unido provoca una situación de aislamiento para un Estado miembro, en este caso Irlanda. Hasta ahora la integración energética de Irlanda pasaba por la interconexión con el Reino Unido, lo que deja ahora
físicamente desconectados a los irlandeses del mercado europeo.

De manera que uno de los objetivos debe pasar por garantizar el correcto funcionamiento de la interconexión existente entre Irlanda e Irlanda del Norte en los términos actuales. Algo a lo que la negociación debe prestar especial interés por solucionar. Del mismo modo que los objetivos de interconexión de los mercados, que dejan de ser vinculantes, siendo el Reino Unido uno de los mercados con una capacidad de interconexión más baja.

“La salida va a suponer que el Reino Unido deje de formar parte del Euratom, el programa europeo que impulsa la mejora continua en la seguridad nuclear y del que forman parte todos los países europeos que cuentan con un parque de generación nuclear”

Y lo mismo ocurre una vez que la salida va a suponer que el Reino Unido deje de formar parte del Euratom, el programa europeo que impulsa la mejora continua en la seguridad nuclear y del que forman parte todos los países europeos que cuentan con un parque de generación nuclear.

Así que todos estos elementos deben estar sin duda en la mesa de negociación.

En cuanto al mercado interior, la actual estructura de funcionamiento de los mercados asegura  la libre compra y venta de energía basada en la aplicación de reglas comunes, fundamentadas  en los mercados en competencia.

Además, la existencia de instituciones como el regulador  europeo, ACER, la aprobación de reglamentos comunes o las reglas que evitan el uso de ayudas de Estado en contra de lo dispuesto en el Tratado permiten el avance en la integración de los mercados.

Dejar de lado estas iniciativas supondría un claro retroceso en el objetivo de dotar a  Europa de un mercado único, eficiente y que asegure para el consumidor el acceso a la energía  en las mejores condiciones.

“El tratado de libre comercio entre la UE y Canadá llevó más de siete años de negociación y no contiene tantos elementos como el que sin duda se deben cerrar con el Reino Unido.”

En definitiva, esta es una primera selección de grandes puntos que van a formar parte de la negociación. Es muy improbable que esta negociación finalice una vez acordadas las condiciones del Artículo 50, de manera que tendrán que adoptarse acuerdos transitorios que eviten situaciones de vacío normativo o que constituyan barreras en un sector estratégico como es el energético.

El tratado de libre comercio entre la UE y Canadá llevó más de siete años de negociación y no contiene tantos elementos como el que sin duda se deben cerrar con el Reino Unido. Así que el Brexit, más allá de lo que suponga la desconexión oficial, va a llevar un periodo prolongado de tiempo que algunos anticipan por encima de los 10 años.

El objetivo de incluir todos los elementos que sean necesarios es muy positivo, no hay ninguna duda, pero el potencial retraso en temas claves como el energético supone un riesgo que debe evitarse si no queremos poner en peligro algunos de los principios que fundamentan la política energética de las últimas  décadas. La colaboración en la energía debería ser el principal resultado de la negociación si se pretende un resultado satisfactorio para ambas partes. Veremos qué nos depara el proceso.

Pedro González
Director de Regulación y Asuntos Económicos de UNESA

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