- Los apagones masivos suelen originarse en fallos de la red, no en la generación de energía.
- Modernizar la infraestructura eléctrica es clave para prevenir apagones y potenciar renovables.
- Apagón: Red Eléctrica mantendrá la “operación reforzada” hasta 2026, encareciendo el precio de la luz
Los sistemas eléctricos funcionan como redes entrelazadas, donde cada componente depende de los demás. Un fallo en un transformador o una línea de transmisión puede desencadenar apagones que afectan regiones completas. La interconexión que permite mover electricidad de un lugar a otro también facilita que un incidente local se convierta en un problema masivo.
El apagón de abril de 2025 en la Península Ibérica ejemplifica cómo un fallo puntual puede propagarse con rapidez. España y Portugal quedaron parcialmente sin electricidad, afectando hospitales, transporte y empresas. Este tipo de eventos demuestra que los apagones son fenómenos complejos, con consecuencias económicas y sociales significativas.
El gran apagón del 28-A: qué lo causó, según los expertos, y por qué Europa teme que vuelva a pasar
Basado en un análisis de Zero Carbon Analytics, este informe evidencia que los apagones masivos no son producto de la generación renovable, sino de fallos en infraestructura, errores humanos y fenómenos meteorológicos extremos.
Por qué ocurren los apagones
Estos son los principales motivos por los que, según Zero Carbon Analytics, se producen los apagones:
- Fallos de infraestructura y equipos: el envejecimiento de líneas y transformadores genera vulnerabilidades constantes. Cuando los componentes se deterioran, surgen grietas y fallos que pueden desencadenar desconexiones automáticas para proteger la red. La falta de mantenimiento y la inversión insuficiente agravan estos problemas, convirtiendo fallos aislados en apagones de gran alcance.

- Sobrecarga y desequilibrio de la red: la demanda eléctrica puede superar la capacidad disponible en momentos de picos, como olas de calor o eventos especiales. Este desajuste provoca desconexiones automáticas conocidas como “tripping”, que a su vez generan efectos en cadena sobre el resto del sistema, afectando a millones de usuarios en cuestión de minutos.
- Factores humanos y ciberseguridad: errores operativos, omisiones durante el mantenimiento o decisiones de despacho incorrectas aumentan la probabilidad de interrupciones. Además, la digitalización expone las redes a ciberataques que buscan interrumpir el control del sistema. Problemas en el suministro de combustibles fósiles o eventos climáticos extremos también juegan un papel fundamental, multiplicando los riesgos.
Renovables y modernización: la clave para prevenir apagones
La clave para evitar los apagones radica en los siguientes puntos:
- Adaptación de la red: la integración de energía eólica y solar requiere redes flexibles que puedan gestionar generación variable. El almacenamiento de energía, como baterías o sistemas de bombeo, ayuda a equilibrar la red y reducir la dependencia de grandes centrales fósiles. Esto no sólo evita apagones, también optimiza el uso de recursos locales y disminuye los costes de combustible, como demuestran los ahorros de 348.042.640 millones de euros desde 2000.
- Seguridad operativa y descentralización: redes con proyectos renovables descentralizados reducen el impacto de fallos individuales. Además, las herramientas de respuesta de la demanda permiten ajustar el consumo en tiempo real, evitando picos de tensión y protegiendo equipos críticos. Según ScottishPower, la energía eólica incluso puede reiniciar secciones apagadas gracias a tecnologías de formación de red.
- Resiliencia frente a eventos extremos: tormentas, olas de calor y otros fenómenos climáticos aumentan la vulnerabilidad de las redes. La resiliencia se logra con sistemas que absorban perturbaciones y se recuperen rápidamente, como las soluciones de almacenamiento que permiten el “black start”. Estas tecnologías garantizan que la red pueda restablecerse sin depender únicamente de grandes plantas centralizadas.
Inversión urgente para redes fortalecidas y sostenibles
La transición energética exige actualizar y expandir la infraestructura. Activos envejecidos requieren reemplazo, mientras que la electrificación del transporte, calefacción y producción de hidrógeno incrementa la demanda. Según Bloomberg New Energy Finance, hasta 2050, la mayor parte de la inversión en redes estará vinculada a renovables (35%) y reemplazo de activos antiguos (30%).
Además, la digitalización de las redes inteligentes permite supervisar, controlar y gestionar el flujo eléctrico de manera más eficiente. Esto mejora la seguridad operativa, además de facilitar la integración de generación descentralizada, almacenamiento y recursos renovables locales. Sin estas inversiones, la infraestructura eléctrica se convierte en “el eslabón débil” de la transición energética, como advierte la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
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