- Las energías renovables son la herramienta más poderosa que tenemos para redibujar el mapa energético del planeta.
- El cambio climático ha dejado de ser una amenaza lejana, y ya marca nuestras decisiones.
- ¿Y si las energías renovables fueran tu mejor inversión este año?
Aunque hablar de energías renovables pueda sonar a futuro, en realidad estamos redescubriendo técnicas milenarias con nuevas herramientas. Desde los molinos impulsados por viento en la Edad Media hasta los actuales parques eólicos, la humanidad siempre ha buscado formas de aprovechar la fuerza de la naturaleza. Lo que antes era cuestión de necesidad, hoy es una cuestión de urgencia climática.
Cada vez que gira una pala de aerogenerador o una placa solar recoge luz, se está generando energía sin destruir recursos. Eso, en un contexto de crisis ambiental y agotamiento de combustibles fósiles, es más que un avance técnico: es una evolución totalmente necesaria. Con fuentes como el Sol, el viento o el agua, estamos construyendo un modelo energético que no depende de reservas finitas ni de tensiones geopolíticas. Se trata de usar lo que ya está ahí, de forma eficiente y sin contaminar.
¿Por qué ya no basta con los combustibles fósiles?
La energía que proviene del carbón, el gas o el petróleo ha impulsado el desarrollo mundial durante más de un siglo. Pero su coste oculto, el daño ambiental, se ha vuelto insostenible. Los combustibles fósiles comprenden el 80% de la demanda de energía primaria a nivel mundial, como señalan los expertos en el sector. Y eso tiene un precio: aproximadamente dos tercios de las emisiones globales de CO₂.
El problema no es sólo su impacto, también su límite físico. Los fósiles se formaron durante millones de años, y cada barril extraído nos acerca al final de esa cuenta regresiva. Además, con una demanda energética al alza y un planeta que ya supera récords de temperatura cada año, seguir por esa vía es acelerar el colapso.
Dentro de este contexto, reducir su uso es una prioridad internacional. Pero, además de eliminar lo existente de la noche a la mañana, hay que rediseñar el sistema: apostar por tecnologías limpias, diversificar las fuentes y establecer políticas que aceleren la transición. Y todo esto tiene ya una hoja de ruta a nivel mundial: el Acuerdo de París. Aprobado en 2015, fijó el objetivo de que el calentamiento global no supere los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales. Para llegar ahí, no hay plan B, sólo una transición energética profunda.
Energías renovables: más allá del sol y el viento
Cuando se habla de energías limpias, solemos pensar en paneles solares o aerogeneradores. Y sí, son esenciales. La solar fotovoltaica, en particular, ha crecido a ritmo acelerado en los últimos diez años y se espera que multiplique por seis su potencia instalada para 2040, según la Agencia Internacional de la Energía.
Pero el menú de las fuentes renovables va mucho más allá. La energía hidroeléctrica, por ejemplo, sigue siendo la reina en la producción mundial: representa la mayor parte de la electricidad renovable que se genera en el mundo. Aprovecha la fuerza del agua en embalses o ríos, transformándola en energía sin emisiones.
Y luego están las tecnologías emergentes que ganan tracción. La undimotriz y la mareomotriz, que convierten el vaivén del mar en electricidad, o la biomasa, que reaprovecha desechos orgánicos para producir calor y luz. Incluso el calor del interior de la Tierra, a través de la energía geotérmica, es otra vía potente. Esta diversidad es una fortaleza: permite adaptar las soluciones energéticas a las características de cada país. No es lo mismo una nación con costas amplias que uno con desiertos soleados o cordilleras ventosas. Cada fuente puede cubrir una parte del rompecabezas.
Economía y empresas: el motor verde de las renovables
Las renovables son mucho más que una respuesta ambiental. También se han convertido en un gran motor económico. En todo el mundo, gobiernos y empresas están apostando fuerte por tecnologías limpias, con inversiones millonarias y políticas públicas que empujan el cambio.
La energía infinita y totalmente sostenible llega ahora desde el fondo del mar
El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 7 de la ONU lo deja claro: garantizar el acceso a una energía segura, asequible y moderna es esencial para el desarrollo. Cada vez más compañías lo asumen como parte de su ADN. De hecho, un 92% ya incluye los ODS en su estrategia empresarial, y un 64% actúa específicamente en materia climática, según estudios recientes.
Las grandes corporaciones, además de instalar placas solares en sus techos, exigen a sus proveedores que también cumplan con estándares verdes. Algunas incluso trazan planes completos de descarbonización y compromisos net-zero. Lo que empezó como una tendencia se ha convertido en norma. Este movimiento también se organiza a nivel mundial. La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), con sede en Emiratos Árabes Unidos, coordina esfuerzos entre más de 160 países. Por suerte, la transición energética ya no es una idea futura, es una realidad en construcción.
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