- El grid forming es una herramienta fundamental para estabilizar las redes dominadas por renovables.
- España, aunque líder en energía verde, va con retraso en aplicar esta solución esencial.
- ¿Es posible predecir un nuevo apagón a nivel nacional?
El apagón del 28 de abril representó un sorprendente acontecimiento en la historia energética de la Península Ibérica. Un corte de suministro a gran escala dejó sin luz durante más de diez horas a millones de personas entre España y Portugal. Transporte detenido, redes de comunicación fuera de juego y ciudades en pausa absoluta. Aún no se conocen todas las causas, pero el fallo ha puesto sobre la mesa una pregunta urgente: ¿está nuestra red eléctrica preparada para un futuro 100 % renovable?
Mientras los paneles solares y los aerogeneradores se multiplican por todo el país, la tecnología que debería garantizar que toda esa energía se maneje con estabilidad sigue sin desplegarse del todo. ¿La solución? El Grid forming, un sistema que permite a las renovables comportarse como si fueran centrales tradicionales, aportando estabilidad y seguridad.
Grid forming: mucho más que un tecnicismo eléctrico
Puede sonar a jerga de ingeniero, pero el grid forming es un concepto que pronto será de dominio común. En términos simples, se trata de una forma de operar los inversores, esos aparatos que transforman la electricidad de las renovables para que pueda entrar en la red, de forma que no sólo sigan la red, también la lideren. En otras palabras, pueden crear y sostener la señal de frecuencia sin necesidad de que una planta térmica marque el ritmo.
La importancia de esto no es menor. Con menos centrales tradicionales operando, se pierde la inercia física que antes ayudaba a mantener estable la red eléctrica. Aquí es donde el grid forming marca la diferencia: puede simular esa inercia y responder rápidamente ante cualquier alteración, manteniendo el sistema en equilibrio. Lo llamativo es que esta capacidad no depende de plantas enormes. Con los dispositivos adecuados, incluso una instalación renovable de tamaño medio puede ofrecer esa estabilidad. La clave está en combinar algoritmos inteligentes con hardware ágil, como las baterías.
Pero no vale cualquier batería. Las más efectivas para esta función son las que pueden reaccionar en milisegundos y están siempre listas para entrar en acción. Eso permite mantener la frecuencia estable e iniciar desde cero el sistema si todo se apaga, lo que se conoce como función black-start.
España, puntera en renovables pero rezagada en baterías inteligentes
Aunque el país presume de cifras récord en generación limpia, sigue sin apostar fuerte por las baterías que integran grid forming. Fabricantes nacionales como Power Electronics o Gamesa Electric tienen la tecnología, pero los grandes proyectos no despegan. ¿Por qué? Por falta de incentivos, de regulación clara y de un mercado que premie estos servicios de estabilidad. 
Mientras tanto, otros países ya aprendieron la lección. Australia, tras un apagón similar en 2016, aceleró la instalación de baterías con esta capacidad. Hoy cuenta con sistemas emblemáticos como el de Hornsdale, que fue pionero en estabilizar redes gracias a su capacidad de respuesta ultrarrápida. Arabia Saudí también apuesta por esta vía en su futurista ciudad del Mar Rojo, con sistemas masivos provistos por Huawei. España no parte de cero, pero va tarde. Y en una red eléctrica, el tiempo de reacción puede marcar la diferencia entre continuidad o colapso.
Qué hace falta para evitar otro colapso eléctrico
Evitar otro evento como el del 28 de abril no depende de milagros, sino de decisiones. El primer paso: facilitar el despliegue de baterías con capacidad grid forming. Esto implica planificación, financiación pública y objetivos concretos, como ya se ha hecho en otros países. Otro factor clave es mejorar la interconexión eléctrica. No basta con generar energía limpia, hay que saber moverla. Con más enlaces entre comunidades autónomas, se reparten mejor las cargas y se evita que un fallo local se convierta en un apagón nacional.
Además, urge modernizar la infraestructura existente. Las redes deben más grandes y más listas: capaces de adaptarse en tiempo real a los cambios del consumo y la producción. Aquí, los modelos de simulación como los EMT se vuelven imprescindibles para prever escenarios y evitar sorpresas.
Por último, hace falta entender que integrar renovables no es el problema. El verdadero desafío está en hacerlo con inteligencia, apoyándose en tecnologías como el grid forming para que el futuro eléctrico sea tan limpio como seguro. Porque sin red estable, no hay transición energética que valga.
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