- La energía solar se convierte en motor económico en municipios almerienses con menos de 5.000 habitantes.
- Los proyectos de energía renovable buscan frenar la pérdida de población y mejorar la cohesión territorial.
- Comunidades energéticas: un modo para que los vecinos produzcan y compartan energía renovable
La transición hacia fuentes se desarrolla habitualmente en grandes ciudades o polígonos industriales. Pero ahora, en la provincia de Almería, las pequeñas localidades también se suman a la apuesta por el autoconsumo eléctrico y la modernización de los servicios públicos gracias a la instalación de paneles solares.
La estrategia se enmarca dentro del Programa DUS 5000, impulsado por la Diputación de Almería y respaldado por los fondos europeos NextGenerationEU. Este plan prioriza las inversiones locales en energía solar para reducir la dependencia energética, estimular la economía de proximidad y abordar el reto demográfico que amenaza a decenas de municipios.
Energía solar para pueblos con menos de 5.000 habitantes
La iniciativa dirige sus recursos a poblaciones catalogadas como de “reto demográfico”, es decir, núcleos de hasta 5.000 residentes, y municipios no urbanos de hasta 20.000 habitantes en los que todas sus entidades singulares no superen esa cifra. En ellos, la instalación de equipos fotovoltaicos busca abaratar los costes energéticos, además de reforzar la prestación de servicios básicos.
El programa ha adjudicado ya más del 90 % de las actuaciones previstas en la provincia, con intervenciones en 50 municipios, desde Bayárcal o Benahadux hasta nombres menos conocidos como Senés, Urracal o Chercos. La energía solar, abundante en esta zona gracias a su clima, se perfila como una herramienta esencial para reactivar la economía local y atraer nuevos proyectos.
Este programa combina tres objetivos: transición ecológica, cohesión territorial y fijación de población. La meta es que estas localidades no queden al margen del desarrollo sostenible y que encuentren en la energía limpia un aliado para mejorar las infraestructuras municipales y generar empleo.
Datos que reflejan un problema creciente
Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), organismo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, la pérdida de población afecta ya a tres cuartas partes de los municipios españoles. De los 8.131 que existen, 6.827 no superan los 5.000 vecinos y en conjunto albergan a 5,7 millones de personas, apenas un 12 % del total nacional.
Los macroproyectos renovables en España: ¿pueden convivir con el entorno rural?
Durante la última década, ocho de cada diez de estos núcleos han perdido habitantes. En los municipios con menos de 1.000 residentes, la tendencia es todavía más acusada: la despoblación alcanza al 86 %, con un descenso de más de 200.000 personas.
Este panorama evidencia la urgencia de actuar. La instalación de sistemas de energía solar o de cualquier tipo de energía renovable permite un ahorro económico, pero también moderniza las redes eléctricas, reduce las emisiones y mejora de la calidad de vida. Todo ello ayuda a que las familias tengan menos motivos para marcharse y a que nuevos proyectos encuentren atractivo invertir en el entorno rural.
Un modelo de energía solar que mira al futuro desde lo local
El Programa DUS 5000 se integra en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, lo que garantiza su financiación europea y refuerza su alcance. Más allá de la instalación de paneles solares, también promueve la eficiencia energética, la movilidad sostenible y la incorporación de tecnologías de autoconsumo adaptadas a cada municipio.
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El éxito de la iniciativa no se mide sólo por los megavatios generados, también su capacidad para dinamizar las economías locales. Los proyectos crean puestos de trabajo directos en el montaje y mantenimiento de equipos, impulsan la actividad de empresas de servicios y fomentan la colaboración entre administraciones y vecinos.
Almería, con sus numerosas horas de Sol al año, actúa como un laboratorio para comprobar cómo la transición energética puede ser también una herramienta social. Si estas experiencias se consolidan, podrían trasladarse a otras zonas rurales del país con problemas similares.
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