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En pro de la industria y el acuerdo energético

En pro de la industria y el acuerdo energético
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Javier Rodríguez llama la atención en este artículo sobre el hecho de que este año y el próximo serán definitorios del futuro de la industria española. Los cambios estructurales que se atisban en materia de energía y clima -hace años que ambas políticas viajan juntas-, no tienen precedentes en las últimas dos décadas. “Toca espabilar”, dice el director general de ACOGEN, que llama a un acuerdo energético en pro de la industria. 

El verdadero reto de la transición energética en España es lograr un acuerdo político. Instituciones y representantes políticos deberían ordenar y resolver los problemas a través de un quehacer dialogante, incluyente y potenciador del interés general. La sociedad y, especialmente, el tejido empresarial, necesita tiempos de acuerdo.

La transición energética y la acción por el clima van más allá de una posible seña de identidad política, por lo que debe de ser compartida, consensuada y no instrumentalizada. El cambio climático ocupa ya un papel central en la política y geoestrategia mundial -como muestra, la reciente reunión del G-20- y también en la solidaridad y la justicia global –como mostró el Papa en Laudato Sí.

“En los próximos 18 meses la energía y el clima tendrán un papel protagonista y será necesario ver mucho más allá del cortísimo tiempo de una legislatura”

En los próximos 18 meses la energía y el clima tendrán un papel protagonista y será necesario ver mucho más allá del cortísimo tiempo de una legislatura; se necesitará un enfoque de larga distancia, amplio y bien iluminado. Ante nosotros se abre una gran oportunidad para el acuerdo.

Permítanme poner el foco sobre un tema de consenso que facilita el acuerdo: potenciar el futuro de la industria, puesto que las nuevas políticas de transición energética y acción climática son una oportunidad para el presente y futuro industrial de nuestro país.

Este enfoque energético en pro de la industria sería una gran novedad en España, ya que -salvo contadas excepciones como la cogeneración y la interrumpibilidad- las políticas energéticas se han diseñado siempre sin tener en cuenta a la industria.

Vivimos un momento de acuerdo general sobre la importancia de mantener y aumentar el tejido industrial del país, lo que nos hace albergar esperanzas de que, esta vez sí, la industria va a ocupar un lugar destacado en la agenda del Gobierno, de los políticos y de los agentes sociales, para acordar un marco regulatorio energético y climático que la considere y potencie.

Acuerdo energético

El importante papel que juegan nuestras industrias manufactureras -que fabrican productos alimentarios, químicos, automóviles, papeleros, cerámicos, siderúrgicos, minerales, etc.-, como generadoras de riqueza, empleo de calidad y bienestar es algo en lo que todos coinciden y supone un cambio social reciente muy presente políticamente. Muestra de ello es el anuncio de la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, sobre la creación de una subcomisión parlamentaria para promover “un gran acuerdo por la industria”.

Parece que el clamor de asociaciones industriales, sindicatos y otros agentes sociales en la Alianza por la Competitividad de la Industria ha sido por fin escuchado y que este país puede por fin dotarse de un acuerdo para abarcar la transversalidad que la industria necesita. Si al consenso le añadimos una buena coordinación, el éxito estará asegurado. Pues bien, en el primer lugar de las políticas que la industria necesita aparece siempre la energía y su natural conjunción con la acción por el clima.

La revolución energética

Este año y el próximo serán definitorios del futuro de la industria española. Los cambios estructurales que se atisban en materia de energía y clima -hace años que ambas políticas viajan juntas-, no tienen precedentes en las últimas dos décadas. Citando recientes palabras del comisario Arias Cañete: “Europa está a las puertas de una revolución energética”.

Los cambios en curso se fundamentan en la concurrencia en diferentes niveles geográficos y temporales de desarrollos legislativos del Acuerdo de París, la Unión de la Energía en Europa y, aquí en nuestro país, la Ley de Transición Energética y Acción por el Clima con un hito importante en la entrega en enero de 2019 por parte de España de nuestro Plan de Acción de Energía y Clima, que será determinante para nuestro futuro energético e industrial de la próxima década.

Toca espabilar

El contexto competitivo de las industrias que fabrican en España es fundamentalmente Europa, pero también está globalizado. Gobernantes y políticos, representantes empresariales de sectores industriales, sindicatos y los propios gestores de las industrias están obligados a identificar las tendencias estratégicas, consecuencias y oportunidades que las políticas de transición energética y cambio climático, actualmente en fase de diseño, van a tener en la industria, en cada sector de actividad y en cada empresa particular.

El acierto en esa identificación -en cada nivel y por cada agente, su posición y las potenciales sinergias-, puede traer grandes y buenos desarrollos a muchas empresas, a ciertos sectores y a los países que más espabilen en ponerlos en marcha. Ya se sabe que el que llega primero logra más inversión y mayor crecimiento.

Es tanto lo que la industria puede hacer por la energía, como lo que la energía puede hacer por la industria. Y para lograr resultados en el tiempo sería deseable empezar a intensificar la comunicación, colaboración e intercambio de información para promover propuestas activas sobre políticas y medidas proclives a las actividades industriales. La competencia por direccionar las políticas energéticas y climáticas en uno u otro sentido es ya feroz.

“Esperemos que la anunciada Comisión de Expertos sobre transición energética cuente con el enfoque, experiencia y conocimiento industrial que el país necesita. No son tiempos para la complacencia ni el reduccionismo ideológico”

Hay que acercar la industria a los políticos, porque conocerla es quererla, y que se priorice en la acción de gobierno ya que es la gran oportunidad de retomar la inversión -sin ella no habrá crecimiento industrial- y aumentar el empleo de calidad que tanto necesita el país. Y hay que aunar los diversos intereses energéticos de los sectores industriales y hacer piña con los sindicatos.

Esperemos que la anunciada Comisión de Expertos sobre transición energética cuente con el enfoque, experiencia y conocimiento industrial que el país necesita. No son tiempos para la complacencia ni el reduccionismo ideológico si queremos que el país tenga una senda de crecimiento industrial.

En materia de transición energética y climática, debe atenderse por igual la forma que el fondo, el diálogo constructivo que las ideas, los conceptos que los números. Todo aporta. Superemos ese estéril sentimiento, demasiado habitual, de contradecirse entre gobierno y oposición. En este tema, del acuerdo provendrá parte del éxito.

El tándem clave para la industria: gas y electricidad

Electricidad, calor y transporte -vectores energéticos que aportan perspectiva al análisis país y a la industria a corto, medio y largo plazo-, deben direccionarse conforme a las necesidades específicas de la industria. Debemos situar la eficiencia energética al mismo nivel de prioridad que el fomento de las renovables y situar al gas natural como el combustible limpio y eficiente de las industrias que consumen calor, con la misma importancia con que se impulsa a las renovables para la producción de electricidad. Hay que potenciar la cogeneración en los objetivos de eficiencia y acción por el clima del país.

La industria consume un 30% de la electricidad y un 60% del gas natural de la demanda nacional en España, por ello las políticas energéticas y climáticas deben contar con una fuerte orientación a resultados y expertise industrial. En España, las industrias consumen como gas natural tres veces la energía que emplean como electricidad.

“En términos económicos para la industria, es igual de importante disponer de electricidad y de gas natural competitivos; y, segundo, que para la industria es inviable electrificar sus consumos energéticos de calor porque triplicaría sus costes”

Si tenemos en cuenta que el orden de precio de la electricidad en las industrias triplica el de gas natural para la misma energía, llegaremos a dos conclusiones: primero que, en términos económicos para la industria, es igual de importante disponer de electricidad y de gas natural competitivos; y, segundo, que para la industria es inviable electrificar sus consumos energéticos de calor porque triplicaría sus costes, además de que ello es inviable técnicamente en múltiples actividades productivas. Así pues, el maridaje del gas y la electricidad son imprescindibles para la industria, lo que se da la mano crucialmente en y con la cogeneración.

La competitividad energética de la industria está sobre la mesa, pareja al mantenimiento y futuro de su actividad, pues los costes de la energía en Europa no son competitivos para sus industrias. La suma de precios en los mercados mayoristas, de ajuste, costes regulados e impuestos, es incompatible con que crezca más industria en nuestro continente. “Las inversiones de los sectores intensivos en energía se escurren de Europa hacia otras partes del mundo”, expone la patronal empresarial europea Business Europe en su informe “Construir una industria fuerte y moderna en Europa”.

En Europa, los precios de la electricidad y del gas duplican -y más- los precios de su competencia estadounidense. Así las cosas, esperemos que Trump no implemente más medidas proteccionistas que podrían acelerar el descalabre de la permanencia en Europa de muchos sectores industriales. Europa debe acercarse a la competitividad energética de Estados Unidos. Y España debe encontrar su mímesis propia de desarrollo industrial siguiendo lo que Alemania hace por su industria y encontrando nuevos enfoques.

España a la cola de la competitividad energética de la industria

Pero si el tren europeo está a gran distancia de nuestros competidores norteamericanos, aquí partimos ya en el furgón de cola de nuestros competidores europeos. Esto afecta a la electricidad y al gas natural que es el combustible de presente y de referencia para la competitividad de la industria.

El presidente de UNESID- Bernardo Velázquez decía hace días que “el precio de la electricidad está entre un 30% y un 50% más caro que en otros países que son claros competidores de las empresas siderúrgicas españolas, como son Alemania y Francia (…) recuerden que la desventaja que sufrimos por el elevado precio de la energía eléctrica en España, multiplicada por el consumo que necesitamos para fabricar limpiamente nuestro acero, nos lleva a unas magnitudes que marcan la diferencia entre, tener beneficios o no, retribuir a nuestros accionistas o no, y entre, seguir invirtiendo para ser sostenibles o no”.

En la misma línea Juan Vila, presidente de la asociación de consumidores industriales de gas, GasIndustrial, escribía recientemente una tribuna titulada “La industria paga el pato” que “España tiene unos peajes del gas que doblan los de Francia (…) Con Alemania (…) estamos entre tres y cuatro veces más caros. Respecto a Italia, nuestros costes siempre están por encima, siendo en algunos casos el doble y en otros un 50% más caros. Y frente al Reino Unido, la situación se sitúa entre Alemania y Francia. Créanme si les digo que, si las conclusiones del sondeo sin incluir impuestos nos causaron una verdadera jaqueca, el análisis con impuestos, literalmente, nos colapsó .

Des-pa-cito …. no es banda sonora para la industria española

Este lento proceso de transición energética, con cambios constantes durante décadas, no va a ser rápido ni homogéneo. Traerá errores y aciertos, grandes afectaciones, oportunidades y cambios, ganadores y perdedores. Imaginen los inicios de Internet, de las tecnologías de la información y los acontecimientos posteriores (Terra en la cúspide o Apple en su despegue), en ese momento están ahora las empresas energéticas y las industrias en las que la energía es estratégica.

Por ello es estratégico que España se dote de un marco de activación inmediata y visión a medio y largo plazo. La “industria activa” que emana de la visión de la Unión de la Energía en Europa, que aquí tenemos que hacer realidad con un modelo propio, es una industria o grupos de industrias que pueden actuar individual o conjuntamente, que no sólo consumen energía sino que almacenan o venden la electricidad generada en sus instalaciones, incluso a través de agregadores, o participan en la respuesta de la demanda o en planes de eficiencia energética.

“La transición energética y climática que necesitamos en España requiere acuerdo político y que potencie la industria. La industria es energía para el país, así que esta vez necesitamos que los políticos sean industriales del acuerdo energético.”

Esta visión sitúa a la industria como pilar energético en el entorno local de sus comunidades, con generación energética distribuida y prestando e intercambiando suministros y servicios. Es un concepto de mercado más local, más distribuido.

Para ello, además de potenciar los mecanismos y rediseñar y desarrollar los mercados energéticos, hay que hacer un enfoque posibilitador sobre los costes regulados y las regulaciones de las redes – especialmente sobre los peajes y su adecuación a la proximidad y al uso que se haga de las redes- , y reequilibrar la fiscalidad sobre la energía y las emisiones, en consonancia con los objetivos.

La industria necesita un acuerdo y ser priorizada en la agenda energética y climática del país, que se focalicen los problemas existentes y se afronten con celeridad y luces largas. Más que una obligación política –que también- es una oportunidad tecnológica, económica y social.

Los consumidores y los productores somos conscientes de los costes que conllevarán las nuevas políticas, pero si conseguimos que de ello resulte una España con más industria, todos visualizaremos y compartiremos los beneficios.
La transición energética y climática que necesitamos en España requiere acuerdo político y que potencie la industria. La industria es energía para el país, así que esta vez necesitamos que los políticos sean industriales del acuerdo energético.

Javier Rodríguez,
Director General de ACOGEN
Asociación Española de Cogeneración

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