- Extremadura es líder en energía solar, pero la red eléctrica y el calendario nuclear de Almaraz condicionan su aprovechamiento.
- El cierre de Almaraz abrirá una nueva etapa en la gestión de la energía renovable extremeña.
- Endesa mueve ficha para evitar el cierre nuclear en España y pide un alivio fiscal esencial
La producción eléctrica en Extremadura afronta un cambio de escenario. La central nuclear de Almaraz, con dos reactores que suman más de 2.000 megavatios, dejará de operar definitivamente en octubre de 2028. Ese apagado forma parte del «protocolo de cese ordenado de explotación» pactado en 2019 por el Gobierno y las compañías propietarias del parque nuclear español.
Pero este cierre no llega solo: de forma paralela, la comunidad extremeña ha experimentado una expansión sin precedentes de la energía solar, situándose a la cabeza a nivel nacional en potencia fotovoltaica instalada. El problema es que la red eléctrica no siempre puede absorber toda esa electricidad. Según Aurora Energy Research, «entre 2027 y 2029, se espera que los vertidos en Cáceres se reduzcan en más del 30% (…) impulsados principalmente por la eliminación progresiva de la energía nuclear, lo que llevará a una reducción similar en Badajoz».
La sombra de Almaraz y el reto de los vertidos
Extremadura, gracias a su abundancia de horas de sol, ha multiplicado la instalación de plantas fotovoltaicas hasta superar los 6.500 megavatios. Ninguna otra comunidad autónoma cuenta con tanta potencia FV en operación. Sin embargo, en jornadas de máxima producción, Red Eléctrica puede ordenar la desconexión de parques solares porque la red está saturada. Este fenómeno, conocido como vertido, provoca que parte de la energía disponible nunca llegue al sistema.
Badajoz sobresale también en tecnología termosolar, con 600 megavatios y sistemas de almacenamiento de calor que permiten generar electricidad por la noche. Aun así, las subastas específicas para termosolar llevan años sin convocarse, limitando su crecimiento.
Aurora Energy Research ha detectado que «los vertidos de red aumentarán notablemente» a medida que crezca la potencia renovable, sobre todo en territorios con gran concentración de generación y menor demanda local. En este contexto, el cierre de Almaraz no sólo reducirá la capacidad nuclear, sino que aliviará parte de esa saturación, especialmente en Cáceres y Badajoz.
Redes al límite y necesidad de refuerzos
La consultora señala que la demanda eléctrica española crecerá un 19% entre 2025 y 2030. Aunque ese aumento puede absorber buena parte de la energía solar que viene, hay un problema geográfico: «la demanda está altamente concentrada en grandes ciudades, alejadas de los centros de generación renovable», lo que genera restricciones en la transmisión.
En Extremadura, se espera «una reducción del vertido de energía a medida que entren en operación proyectos clave de infraestructura de red». Los refuerzos previstos entre Cáceres y Madrid serían determinantes para transportar más electricidad y reducir las pérdidas por saturación.
Aurora alerta de que, en zonas como Zaragoza o La Coruña, las limitaciones de red y la expansión de nuevas tecnologías, como el hidrógeno o la eólica terrestre, pueden elevar los vertidos en los próximos años. En cambio, en Aragón la ausencia de nuclear cambia el panorama: pese a su liderazgo en potencia eólica, los vertidos en 2025 serán mínimos, aunque se espera que suban hacia 2030.
El modelo de Aurora y el mapa del futuro eléctrico
El informe de Aurora Energy Research analiza la capacidad de la red española para mover energía desde las zonas productoras hacia los centros de consumo. Según sus datos, el 25% de la demanda se concentra en Madrid y Barcelona, mientras que una veintena de provincias apenas suma el 15% del total. Con el cierre nuclear progresivo, mitad de potencia en 2030 y apagado total en 2035, los grandes núcleos dependerán más de la electricidad generada lejos de ellos.
La consultora advierte que reforzar el sistema eléctrico es esencial para cumplir los objetivos renovables y minimizar los costes derivados de la congestión. Para ello, plantea una planificación estratégica de líneas, subestaciones y transformadores, así como mejoras en conexiones fundamentales, como la de Lérida con Barcelona.
En definitiva, el futuro energético de Extremadura estará marcado por la combinación de un parque solar en expansión, la desaparición de Almaraz y una red en proceso de adaptación. Lo que ocurra en los próximos cinco años definirá si la comunidad autónoma extremeña pasa de ser un punto de vertido masivo a un exportador fluido de energía limpia.




















