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Benedicencia, por favor, por Javier Rodríguez, director general de ACOGEN

Benedicencia, por favor, por Javier Rodríguez, director general de ACOGEN
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La maledicencia –lo contrario de la benedicencia- ha sido una constante en las relaciones políticas de este país en la pasada campaña electoral y, aún más, en el fallido intento de investidura. A la vista están las declaraciones y argumentos arrojadizos que se han prodigado entre los diferentes líderes y partidos.

Afortunadamente, parece que el silencio se va haciendo espacio en un tránsito a un verdadero diálogo que emane del más sincero respeto.

No comparto la acepción extendida de que los políticos deben de “tener la piel gruesa” por lo que ello conlleva de coraza deshumanizadora de una actividad que, intrínsecamente, es de servicio a una sociedad con prioridad a las personas. Pensar en la obligación política de ir “acorazado” induce a emplear medios y praxis arrojadizas y disuasorias que pese a lo loable que puedan ser en sus  fines no pueden estar justificadas ni son efectivas a largo plazo para el interés general. Antes bien, aprecio un político que sea sensible a las necesidades y aportaciones sin prejuicio de donde vengan, empático con sus no correligionarios, honrado, transparente, creíble y responsable. No es mucho pedir. En el momento actual se requiere más espíritu de concordia y menos ideología; más corazón que coraza; más servicio y menos egocentrismo.

Observo que en cuanto a formas, símbolos y mensajes, la comunicación política se ha vuelto descarnada y con ello se aleja de lo que -a mi entender- ha sido el mandato emanado de las elecciones de buscar acuerdos y consensos. No veo esa ejemplaridad en el respeto y la mesura que debería presidir las relaciones y comunicaciones entre los diferentes partidos políticos, y ello me preocupa por la mimesis que ello induce y extiende en cuanto a comportamientos sociales que generan conflicto, animadversión, resentimiento, desesperanza y falta de confianza en nuestra capacidad de perdón y gestión para resolver nuestros problemas y generar oportunidades para todos.

Así, no es extraño que el resentimiento “ex ante”, la falta de empatía “durante” y la enemistad “ex post” se instalen entre nuestros dirigentes políticos y en grupos visibles de nuestra sociedad. Y, en consecuencia, gran parte de la sociedad desconecte de sus representantes ante la ausencia de lo positivo, lo incluyente y dialogante que es lo que de verdad nos conecta y nos hace avanzar en la búsqueda de acuerdos: la fructífera unidad en la diversidad. Lo que quiere gran parte de la sociedad.

En los últimos años, la política energética es un ejemplo de ideologización y enfrentamiento. Ahora se están produciendo interesantes evoluciones que abren nuevos horizontes. En la legislatura pasada, el Gobierno ha tenido un duro frente en el ámbito energético. La mayoría absoluta de la que ha gozado para hacer reformas -y el convencimiento de que el consenso no era posible o eficaz- le han llevado a realizarlas con un alto desgaste y réplica.

La afrenta y el frentismo se han abierto en toda su extensión sobre distintos ámbitos y temas energéticos con amplia repercusión empresarial y social; las proclamas han sido tremendas: hachazo renovable, el impuesto al sol, guerra contra las tecnologías eficientes, auditoría al sector eléctrico, saqueo eléctrico, subida doble de la luz, pobreza energética, inseguridad jurídica, boina contaminante, mercadillo, denuncias ante la fiscalía anticorrupción, demandas ante tribunales nacionales e internacionales,…

Lo peor parece haber pasado, o haberse detenido, aunque los conflictos y el reto de su superación continúan latentes, esperando un nuevo Gobierno. Y ya se sabe, la mejor vacuna contra el retroceso es avanzar.

Tres situaciones están emergiendo con fuerza y posibilitarán que alcancemos consensos nacionales estables y a largo plazo. En el ámbito exterior, la Unión de la Energía en Europa y los Acuerdos de París; en España, los avances que se vislumbran y que conducen a la oportunidad de un Pacto de Estado.

Unión, acuerdo y pacto

En la Unión Energética europea, las reformas y desarrollos de los mercados energéticos y el empoderamiento de los consumidores son los grandes protagonistas. En tiempo de dudas, debilidad e incertidumbre políticas de la Unión, el proyecto energético emerge en la UE con potencial de unión, de generación de bienestar, de modelización a seguir, de desarrollo social, de eficiencia y solidaridad. Todo un camino a imitar. En la Unión Europa y en su Unión Energética, se diluyen nuestras incertidumbres y se vislumbran nuestras esperanzas y mejores enfoques organizativos y regulatorios, asociados a los mejores valores de seguridad, competitividad, medio ambiente y desarrollo tecnológico, para los ciudadanos, las industrias y las empresas.

También el Acuerdo de París, que se ratificará el 22 de abril en la ONU, es un hito relevante y positivo que aporta consenso global al cambio climático y el fin del negacionismo, con carácter universal -la práctica totalidad de países han presentado propuestas de contribución climáticas nacionales- y una arquitectura vinculante que genera transparencia y confianza. Queda todo por hacer, pero el paso adelante del Acuerdo de París es ilusionantemente histórico para el futuro de la Humanidad.

Finalmente en España, los precursores para un pacto de Estado en materia energética siguen apareciendo. Tras los principios en materia energética y climática en los programas electorales y valiosas aportaciones desde otros foros empresariales, energéticos y ambientales, en estos últimos meses se están produciendo positivas evoluciones en diferentes ámbitos (acuerdo PSOE-Ciudadanos, compromiso desarrollo autoconsumo y otros) que van perfilando y explicitando las diferentes medidas y cartas sobre la mesa que habrán de combinarse acertadamente. Ello hace albergar una esperanza de que, no sin esfuerzos y flexibilidades, la ruta para alcanzar un Pacto de Estado en España en materia energética a medio (2020) y largo plazo (2030 y visión a 2050) está a nuestro alcance.

Son muchas las esperanzas y objetivos asociados a la política energética y a la acción por el clima para lograr mejorar nuestra sociedad y transformar el mundo en que vivimos, partiendo desde lo local hasta alcanzar la globalidad. Generar y distribuir bienestar y riqueza asociada a los usos y ámbitos energéticos es un anhelo compartido y legítimo en el que el ciudadano puede sentirse partícipe y al que están llamados los partidos y agentes sectoriales y sociales.

París ya está aquí y la Unión Energética en camino cierto. El Pacto de Estado de la Energía puede y debe ser el primero que se materialice tras un nuevo Gobierno y ello traerá confianza e ilusión en otros logros que deben sucederse en una nueva etapa política.

Dicen que empezar con energía, con buena energía, es la mejor receta para un buen día que precederá a otros. Prueben y valoren el poder de la benedicencia.

Javier Rodríguez,
Director General de ACOGEN
Asociación Española de Cogeneración

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