- España ha conseguido reducir de forma significativa su intensidad de emisiones de GEI en relación con el PIB desde 2008.
- A pesar de los avances, persisten retos importantes en sectores como la industria manufacturera y el transporte.
- Las renovables baten récords copando el 61,6% del total del mix de generación en marzo
La economía española ya sufre el impacto del cambio climático y, en el futuro, la magnitud de su influencia será aún mayor. Pese a que nuestro país no puede revertir sus efectos por sí solo, si puede y debe tomar sus propias medidas para mitigar y adaptarse al impacto de la crisis climática.
Además, muchas de las medidas que pueden ponerse en marcha crean oportunidades de crecimiento económico, como es el caso del desarrollo de infraestructuras de generación con energías renovables.
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La intensidad de las emisiones de GEI en el PIB
En el progreso en la mitigación del cambio climático, un indicador clave es la intensidad de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el PIB, es decir, el rendimiento productivo de las emisiones.
En este sentido, España está logrando separar el crecimiento del PIB del aumento de las emisiones de GEI: mientras el PIB aumenta, las emisiones de GEI disminuyen. Este desacoplamiento lleva dándose desde el comienzo de la crisis económica de 2008. Desde entonces, el PIB ha crecido en un 11% en términos reales y las emisiones totales han caído un 35%.

Esa diferente evolución se ha reflejado en la intensidad de las emisiones con relación al PIB, ratio que se ha reducido un 41% desde 2008. Ese año nuestro país emitía 0,33 kg de CO2 equivalente por euro de PIB, pero en 2023 (último año disponible) solo se generaba 0,19 kg por euro de PIB. Se trata de un avance significativo, que mejora los 0,22 kg de media de la Unión Europea (UE), pese a que es ligeramente menor al de Alemania, que partía de una cantidad mayor de emisiones.
¿En qué sectores se concentran las emisiones de GEI?
Tanto en España como en otras grandes economías europeas como Francia, Alemania e Italia, el 90% de las emisiones de GEI se concentran en cinco sectores industriales:
- Agricultura, silvivultura y pesca
- Manufacturas
- Electricidad gas, vapor y aire acondicionado
- Suministro de agua, alcantarillado y gestión de residuos
- Transporte y almacenamiento
En estos años, España ha logrado una intensidad de emisiones relativamente baja, es decir, que ha logrado una alta productividad de las emisiones de GEI, en la producción de electricidad gracias al aumento de la proporción de las energías renovables.
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Aunque todavía está por detrás de Francia, España produce 2,5 kg de CO2 por cada euro de valor añadido en electricidad, frente a los 13,57 kg que genera Alemania. España también tiene un buen rendimiento en la agricultura, gracias a las bajas emisiones de metano en comparación con Francia y Alemania.
No obstante, todavía tenemos retos en la industria manufacturera y en el sector del transporte, especialmente en el terrestre. No en vano, la industria manufacturera española genera 0,47 kg de CO2 por cada euro de valor añadido que produce, casi el doble de los 0,27 kg de Alemania, y por encima también de los 0,32 de Italia y 0,36 de Francia. También genera más emisiones que Alemania o Italia en el caso del sector de transporte, 0,73 kg por euro, frente a 0,63 kg y 0,61 kg en Alemania e Italia, respectivamente.
Las asignaturas pendientes de España
El principal reto que debe solventar nuestro país es el diseño de políticas de cambio climático que sean capaces de cumplir con los objetivos nacionales y europeos, sin descuidar la productividad y la prosperidad. Por ello, España habrá de ayudar a configurar y fortalecer los mercados europeos y nacionales de productos y servicios de bajas emisiones de carbono con medidas como la fijación de precios adecuados mediante impuestos sobre el carbono, comercio de derechos de emisión y eliminación de subvenciones a los combustibles fósiles, y a través de la regulación y las normas.
Por otro lado, España tiene pendiente la aceleración de la innovación en tecnologías con bajas emisiones de carbono y el fomento de la adopción y difusión de tecnologías hipocarbónicas. Las políticas de innovación son especialmente importantes, ya que pueden contribuir a reducir los costes y apoyar el crecimiento de la productividad. Las políticas sobre el cambio climático también deberán facilitar los cambios estructurales necesarios y prever una transición justa, tanto para los grupos sociales y las regiones que puedan resultar más afectados en el proceso, como para los países en desarrollo que se verán más impactados por la crisis climática.
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Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense. Redactor en energynews.es, movilidadelectrica.com e hidrogeno-verde.es.




















