- Las comunidades energéticas permiten producir y consumir energía limpia de forma compartida, reduciendo los costes significativamente.
- Te contamos en qué consiste, todos los beneficios y los principales retos de esta práctica.
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Las comunidades energéticas están comenzando a ganar terreno como una de las grandes oportunidades para consumir energía asequible. La idea consiste en que un grupo de vecinos o empresas se organicen para producir, consumir y gestionar energía renovable de forma conjunta. Vamos a ver todas las claves de este modelo que responde a la demanda social de independencia frente al tradicional mercado eléctrico.
¿Qué consisten las comunidades energéticas?
Las comunidades energéticas son asociaciones de personas físicas o jurídicas que se unen para generar y consumir energía renovable. Lo más normal es que las instalaciones se basen en energía solar fotovoltaica, aunque también existen instalaciones de minieólica, biomasa o sistemas de almacenamiento en baterías.
La clave de esta organización es que la energía que se produzca se comparta entre todos los participantes, que adquieren el papel de coproductores y autoconsumidores. De este modo, se reduce la dependencia de compañías eléstricas y se promueve un cambio cultural en el que las personas pasan a ser agentes activos de la transición energética.
Los principales beneficios de las comunidades energéticas
En primer lugar, uno de los beneficios más destacados es el ahorro en la factura. En una comunidad energética, los socios pueden ahorrar entre el 20 y el 40% del coste de su consumo de electricidad, siempre en función del número de participantes y del tamaño de la instalación.
Además, se goza de una mayor autonomía que protege de la volatilidad de los precios en el mercado eléctrico y de las fluctuaciones internacionales que afectan a los combustibles fósiles.
Por último, aporta cohesión social, ya que los vecinos colaboran en un proyecto que influye de forma directa en su entorno, creando un vínculo comunitario que va más allá de lo puramente económico. Esto cobra especial relevancia en entornos rurales, donde las comunidades energéticas también se establecen para combatir la despoblación, ya que reduce los costes energéticos en pueblos pequeños e impulsan nuevas oportunidades de desarrollo.
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Los retos actuales
Las comunidades energéticas cuentan con un gran potencial, pero no están exentas de retos importantes:
- Trámites administrativos complejos: esto ralentiza las instalaciones y genera incertidumbre entre las comunidades de vecinos que quieren participar.
- Coste inicial elevado: aunque existen ayudas públicas para comunidades energéticas, la financiación inicial de estas iniciativas puede ser elevado.
- Desarrollo de la regulación: todavía es necesario regular aspectos como la gestión de excedentes o la integración en la red nacional de electricidad.
En definitiva, las comunidades energéticas jugarán un papel importante en la transición energética en esta década. Concretamente, su crecimiento radicará en el despliegue de energías renovables, la bajada de los costes en tecnologías renovables y las nuevas políticas que promueven el autoconsumo colectivo. Otro de sus puntos de apoyo para crecer será el avance de la digitalización, que permite optimizar la gestión de energía, ajustando la producción y el consumo en tiempo real.
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Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense. Redactor en energynews.es, movilidadelectrica.com e hidrogeno-verde.es.




















