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La inteligencia artificial para energías renovables permite predecir fallos, optimizar redes y reducir costes en la transición energética.
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Investigadores del MIT usan IA para planificar infraestructuras, mejorar baterías y gestionar micro-redes con mayor eficiencia.
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La inteligencia artificial para energías renovables se presenta como una herramienta clave para gestionar redes eléctricas, predecir fallos y optimizar la generación solar y eólica. Sin embargo, su implementación masiva también aumenta la demanda energética de data centers, lo que puede ralentizar la transición si no se gestiona correctamente. Investigadores del MIT trabajan para equilibrar ambos efectos y maximizar el potencial limpio de la IA.
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¿Cómo ayuda la IA a gestionar redes renovables?
La red eléctrica actual ya no es la misma de hace dos décadas. Ahora recibe energía de miles de puntos: paneles solares, turbinas eólicas, baterías y vehículos eléctricos. Esta complejidad hace casi imposible equilibrar oferta y demanda sin algoritmos de inteligencia artificial.
Anuradha Annaswamy, investigadora del MIT, explica que la IA anticipa fallos, ajusta frecuencia y voltaje y decide qué plantas deben activarse en tiempo real. Esto evita apagones, reduce costes y aumenta la vida útil de los equipos.
Además, la IA predice el comportamiento del clima y ajusta la generación solar y eólica horas antes de que cambie la radiación o el viento. Esto minimiza el uso de gas natural como respaldo y mejora la eficiencia de las micro-redes locales.
IA y almacenamiento: clave para estabilizar renovables
Uno de los grandes retos de las energías renovables es su intermitencia. Aquí entra la inteligencia artificial para energías renovables como gestor de baterías y almacenamiento distribuido.
El MIT está desarrollando algoritmos que deciden cuándo cargar o descargar baterías domésticas o industriales, según el precio de la electricidad y la demanda prevista. Esto alarga la vida útil de las baterías y evita picos de demanda que suelen cubrirse con plantas a gas.
También se trabaja en vehículos eléctricos conectados como fuente de energía. La IA ordena a los coches cuándo cargar y cuándo devolver energía a la red, sin afectar la movilidad del usuario. Esto convierte cada coche en una minicentral que estabiliza la red sin cables nuevos. 
Materiales avanzados: la IA acelera la innovación
Ju Li, profesor de ingeniería del MIT, afirma que la inteligencia artificial para energías renovables también revoluciona la química. La IA simula materiales a escala atómica y sugiere nuevas combinaciones para baterías más baratas, paneles más eficientes y reactores de fusión más seguros.
En su laboratorio, un brazo robótico ejecuta experimentos sugeridos por IA, aprende de los resultados y ajusta la siguiente prueba. Este ciclo cerrado acorta de décadas a años el desarrollo de materiales críticos para la transición energética.
Ejemplo: la IA identificó nuevos electrolitos para baterías de estado sólido que duplican la densidad de energía y reducen el riesgo de incendio. Esto acerca la comercialización de baterías más seguras y más baratas para almacenamiento renovable.
Data centers: el lado oscuro de la IA
El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial para energías renovables aumenta la demanda eléctrica de data centers. Estos centros de procesamiento consumen tanto como una ciudad mediana y pueden ralentizar la transición si no se alimentan con energía limpia.
William H. Green, director del MITEI, advierte que la comunidad científica debe reducir el consumo energético de la IA mientras la usa para limpiar la red. Esto incluye diseñar chips más eficientes, reutilizar el calor de los servidores y retrasar cálculos cuando la red esté saturada.
Ejemplo: el Data Center Power Forum del MIT reúne a empresas para compartir estrategias de eficiencia energética y integración de renovables en centros de datos. El objetivo es evitar que la IA se convierta en un freno para la descarbonización.
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¿Regulación o innovación?
La inteligencia artificial para energías renovables no puede ser libre de restricciones. Reguladores y planificadores deben exigir transparencia en los algoritmos que gestionan la red, garantizar equidad en el acceso a datos y limitar el consumo de centros no renovables.
Ejemplo: la Unión Europea ya exige que los data centers publiquen su huella de carbono y comprometan fechas para ser 100 % renovables. América Latina y Estados Unidos aún no han definido marcos claros para IA y energía, lo que ralentiza inversiones y genera incertidumbre en proyectos de escala.
Por tanto, podríamos concluir que la inteligencia artificial para energías renovables puede ser la herramienta que acelere la transición, pero solo si se regula y alimenta con energía limpia. Sin planificación, la IA pasará de ser solución a ser parte del problema.
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Licenciado en Biología por la Universidad Complutense de Madrid, amante de la naturaleza tal y como deberíamos haberla conocido. Aun hay esperanza.




















