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El futuro del queso es circular: el proyecto WAVE liderado por IMDEA Energía convierte aguas residuales lácteas en bioplásticos y agua limpia mediante biotecnología microbiana.
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La sostenibilidad en la industria láctea pasa de ser una promesa a una realidad con procesos de fermentación anaerobia y levaduras no convencionales como Debaryomyces.
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El futuro del queso es circular, y no es una metáfora. El proyecto WAVE, liderado por IMDEA Energía, ha demostrado que es posible convertir las aguas residuales de la industria láctea en bioplásticos sostenibles y agua limpia para riego. Con financiación de la Unión Europea y el Ministerio de Ciencia e Innovación, esta iniciativa aplica biotecnología microbiana para revalorizar residuos que hasta ahora eran un coste ambiental.
¿Por qué el futuro del queso debe ser circular?
La industria láctea genera millones de litros de aguas residuales cada año. Estas aguas, ricas en lactosa, proteínas y grasas, requieren tratamientos costosos y contaminan si se vierten sin control.
WAVE no solo trata estos residuos: los convierte en recursos. Mediante fermentación anaerobia, se generan ácidos grasos de cadena corta que sirven de base nutritiva para levaduras no convencionales como Debaryomyces. Estas levaduras producen proteínas unicelulares que se transforman en bioplásticos con propiedades mecánicas comparables a los plásticos convencionales.
Además, el agua resultante se depura hasta niveles aptos para riego urbano, cerrando el ciclo y reduciendo la presión sobre las reservas de agua dulce.
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¿Cómo funciona el proceso de WAVE?
El proceso biotecnológico de WAVE se divide en tres etapas:
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Fermentación anaerobia de las aguas residuales lácteas para generar ácidos grasos volátiles.
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Cultivo de levaduras como Debaryomyces que consumen estos ácidos y producen proteínas.
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Transformación de proteínas en bioplásticos mediante ciencia de materiales y modelización molecular.
Este sistema integrado no solo elimina residuos, sino que genera productos de alto valor con aplicaciones industriales reales.
Elia Tomás Pejó, coordinadora del proyecto y jefa de la Unidad de Procesos Biotecnológicos de IMDEA Energía, afirma que WAVE va más allá de la depuración convencional: convierte un problema ambiental en un motor de innovación. 
¿Qué impacto puede tener WAVE en la industria?
El impacto potencial de WAVE es significativo. Si se escala a nivel industrial, podría reducir los costes de tratamiento de aguas residuales lácteas y generar ingresos adicionales mediante la venta de bioplásticos y agua reutilizada.
Además, los bioplásticos obtenidos son biodegradables y compiten en propiedades con materiales derivados del petróleo, lo que abre puertas en sectores como el envasado, la agricultura o la automoción.
Sin embargo, el proyecto aún está en fase de demostración. Falta inversión industrial, apoyo regulatorio y compromiso por parte de las grandes empresas lácteas para que WAVE deje de ser una promesa y se convierta en una solución real.
¿Qué viene después de WAVE?
WAVE no es un experimento aislado: es parte de una tendencia creciente que une biotecnología y economía circular para transformar residuos en recursos. La Unión Europea ya ha apostado por esta línea con financiación directa, y España podría liderarla si se acompaña de políticas activas y colaboración público-privada.
El futuro del queso es circular, pero solo si la industria apuesta por transformarse de verdad, y no solo de cara a la galería.
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Licenciado en Biología por la Universidad Complutense de Madrid, amante de la naturaleza tal y como deberíamos haberla conocido. Aun hay esperanza.




















