- El cambio climático ya no es una amenaza lejana: está alargando los veranos y elevando el riesgo para miles de millones de personas en todo el mundo.
- Si no se toman medidas urgentes, el calor extremo será la nueva normalidad. Adaptarse y actuar es tan necesario como reducir emisiones.
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Durante los últimos doce meses, millones de personas han notado que el verano no sólo se volvió más largo, también más intenso. Este aumento no ha sido una simple casualidad meteorológica. Un informe a nivel mundial revela que el cambio climático, impulsado por la actividad humana, es el principal responsable de añadir un mes de temperaturas extremas para más de 4.000 millones de personas.
Organizaciones científicas y humanitarias como World Weather Attribution, Climate Central y el Centro Climático de la Cruz Roja han unido esfuerzos para poner cifras a este fenómeno. Su estudio se publicó ayer. justo un día antes del Día de Acción contra el Calor, y sus conclusiones son una llamada de atención internacional.
Cambio climático: más días de calor, más países afectados
Uno de los datos más contundentes del informe es que, entre mayo de 2024 y mayo de 2025, se registraron al menos 30 jornadas adicionales de calor extremo para la mitad de la población mundial. Esto incluye zonas templadas como Europa y otras que ya sufren habitualmente temperaturas elevadas.

España, por ejemplo, experimentó 48 días de calor extremo en ese periodo. En un mundo sin cambio climático, sólo habrían sido 18. Es decir, el calentamiento global ha añadido literalmente un mes completo de temperaturas peligrosas en nuestro país.
Y no es un caso aislado: en 195 países y territorios, el número de días sofocantes se ha duplicado, cuando no más. Además, los 67 episodios de calor más intensos del año pasado ocurrieron con más probabilidad debido al cambio climático, según el análisis de atribución climática.
El calor extremo ya es una crisis de salud pública
El calor no mata de forma espectacular, pero sí de forma silenciosa. En muchas ciudades, las temperaturas elevadas agravan enfermedades previas, provocan golpes de calor y aumentan la mortalidad, sobre todo en personas mayores y niños pequeños.
Los jóvenes están cada vez menos concienciados con el cambio climático
El informe destaca que los efectos del cambio climático en la salud ya se están notando en sistemas sanitarios sobrecargados, cosechas fallidas y alteraciones en el transporte urbano. Y lo más preocupante: muchas de estas consecuencias siguen sin recibir la atención que merecen por parte de los gobiernos.
La presión también se traslada a la productividad laboral, sobre todo en sectores como la agricultura o la construcción, donde trabajar al Sol puede convertirse en una actividad de riesgo. Y en países sin infraestructura adaptada, los efectos se multiplican.
Respuestas urgentes frente al cambio climático
No todo son malas noticias. El estudio también propone soluciones concretas, eficaces y accesibles. Una de las más claras: crear planes de acción contra el calor. Estos planes han demostrado reducir la mortalidad en olas de calor recientes, cuando se aplican correctamente y con anticipación.
Otra medida fundamental es mejorar los sistemas de alerta temprana, especialmente en zonas urbanas, donde el efecto isla de calor multiplica los riesgos. Instalar más áreas verdes, mejorar la ventilación en viviendas y formar a la población sobre cómo actuar ante el calor extremo son también pasos necesarios.
El cambio climático se combate reduciendo emisiones, pero también exige adaptación y preparación para lo que ya está ocurriendo. No basta con conocer los datos: hay que traducirlos en políticas públicas efectivas y estrategias locales.
¿Es posible frenar esta tendencia? Depende de nosotros
Expertos climáticos insisten en que aún estamos a tiempo de evitar que el problema se descontrole. La clave está en abandonar los combustibles fósiles y apostar por las energías renovables. Cambiar la forma en la que producimos y consumimos energía puede frenar el calentamiento y, con ello, reducir el número de olas de calor futuras.
Pero no basta con cambiar bombillas o reciclar más. La transformación debe ser estructural: rediseñar las ciudades, replantear el transporte, invertir en equidad social y fortalecer la educación ambiental. Todo esto contribuye a crear sociedades más resilientes frente al cambio climático.
Como recordó una de las científicas del estudio: “El calor ya no es un problema del futuro. Está aquí, y está matando”. No hay rincón del planeta que esté a salvo, y el tiempo para actuar es ahora.
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