- Una investigación europea revela que un aumento inesperado del voltaje fue la raíz del apagón que dejó sin luz a medio país.
- El plan del Gobierno para prevenir futuras crisis eléctricas ha fracasado en el Congreso, justo antes del verano.
- España tras el apagón: más pro-nuclear y OTAN que nunca
El apagón masivo que paralizó amplias zonas de la Península Ibérica el pasado 28 de abril ya tiene una explicación. Según las conclusiones de una investigación técnica llevada a cabo por los responsables de la red eléctrica en Europa, el origen se encuentra en una secuencia de subidas de voltaje tan extraordinarias como difíciles de prever. Un fenómeno nuevo que, hasta la fecha, no había sido identificado como causa de apagones.
Los técnicos de la red continental, agrupados en Entso-e y entre los que se encuentra Red Eléctrica Española, han observado que esa cadena de eventos eléctricos desató un efecto dominó que acabó desconectando múltiples puntos de generación. Todo sucedió en torno a las 12:05 del mediodía, con el sur peninsular como epicentro. En palabras del informe: «El carácter excepcional de este incidente urge a reforzar el sistema eléctrico en caso de aumentos de tensión en cascada».
Europa en alerta por una amenaza inédita de apagón
El informe europeo advierte que este tipo de incidentes puede repetirse si no se revisan a fondo los sistemas de prevención. Nunca antes se había detectado un colapso relacionado con un patrón de subidas de tensión tan agresivas. Lo que convierte el suceso del apagón en un caso de estudio urgente para toda la comunidad energética.

La evaluación del Panel de Expertos de Entso-e, en su cuarta reunión desde el suceso, ha establecido que la clave estuvo en una cadena de desconexiones y aumentos de voltaje que no se lograron frenar a tiempo. Este comportamiento eléctrico no figuraba hasta ahora en los manuales de emergencia europeos, por lo que exigen que se introduzcan nuevas estrategias de defensa.
El documento también señala que será necesario revisar cómo reaccionan las distintas partes del sistema ante cambios bruscos de tensión. La automatización de algunas respuestas podría haber agravado el problema, lo que plantea dudas sobre si el diseño actual de las redes es suficientemente flexible.
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A partir de este análisis, la red europea ha pedido a todos los gestores nacionales que revisen sus planes de contingencia. Si bien lo ocurrido fue excepcional, las condiciones que lo provocaron podrían volver a reproducirse en momentos de alta demanda o generación renovable inestable.
España se queda sin su «escudo» eléctrico
Mientras en Bruselas se analizan soluciones, en Madrid el intento del Gobierno de blindar la red contra episodios similares ha fracasado. El llamado “decreto antiapagones”, diseñado para mejorar la capacidad de respuesta del sistema ante fallos, no consiguió el respaldo del Congreso el pasado 22 de julio.

La norma pretendía aumentar el control sobre las compañías eléctricas, centralizar el acceso a los datos de consumo y poner en marcha inspecciones periódicas para evaluar su papel ante este tipo de incidentes. También se abría la puerta a favorecer el autoconsumo colectivo y se proponía una rebaja del 80 % en los peajes eléctricos para las industrias más intensivas en energía.
Además, incluía medidas para acelerar el despliegue de baterías de almacenamiento, permitirles consumir de la red en momentos puntuales sin castigo fiscal, y facilitar la instalación de puntos de recarga ultrarrápidos. Todo esto ha quedado en el aire.
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El rechazo parlamentario significa que, al menos por ahora, no hay un marco legal actualizado que refuerce el sistema español frente a eventos como el del 28-A. A pesar de contar con el apoyo de expertos del sector y asociaciones ecologistas, el decreto se ha caído en el último pleno antes del parón estival.
Qué se necesita para evitar otro apagón
La comunidad energética europea ya se ha puesto a trabajar en nuevos protocolos. Los expertos insisten en que es urgente adaptar los sistemas a los riesgos derivados del crecimiento de las energías renovables y la electrificación generalizada. Estos factores, si bien positivos, introducen nuevas variables que pueden desestabilizar la red si no se gestionan bien.
Se estudia reforzar las defensas automáticas de las redes ante oscilaciones de tensión rápidas. Para ello, es clave mejorar la comunicación entre los distintos nodos del sistema y aumentar la capacidad de respuesta en tiempo real. La inteligencia artificial y los sensores distribuidos podrían jugar un papel importante en ese nuevo enfoque.
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Además, se está considerando incluir mecanismos de simulación en tiempo real para prever cómo reaccionaría el sistema ante escenarios extremos. Esto permitiría tomar decisiones preventivas antes de que se produzca una cascada de fallos.
Finalmente, los organismos internacionales abogan por una coordinación más estrecha entre países. La electricidad no entiende de fronteras, y lo que ocurre en una parte del continente puede tener efecto inmediato en otras zonas. El apagón acontecido en abril es, según los expertos, una señal clara de que la red europea debe funcionar como un todo, no como una suma de sistemas aislados.

















