- La innovadora propuesta de la empresa Carboliva y la UPC combina residuos vegetales y ciencia para revertir las emisiones de CO2 de las carreteras.
- La clave está en el biochar, un material que podría cambiar el rumbo de la ingeniería vial.
- Transportes analizará la resiliencia de las carreteras españolas frente al cambio climático
La lucha contra el cambio climático no se libra solamente en los laboratorios o en los parlamentos. También se juega en las infraestructuras más comunes y extensas: las carreteras. En este terreno, Carboliva y un equipo investigador de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) están explorando cómo transformar el asfalto en un sumidero de carbono.
Lejos de teorías utópicas, esta colaboración ya ha dado sus primeros pasos firmes. En el marco del encuentro Net-Zero Tech, su presentación dejó muy clara la dirección de esta iniciativa: carreteras capaces de absorber más CO2 del que emiten. Y todo, gracias a un subproducto agrícola con superpoderes climáticos.
Biochar, el ingrediente estrella del asfalto ecológico
El secreto de esta fórmula no está en una aleación futurista ni en tecnología espacial, sino en un material llamado biochar. Se trata de un residuo vegetal carbonizado que, además de dar una segunda vida a los restos orgánicos, posee la capacidad de almacenar carbono de forma estable durante cientos de años.
«Carboliva y el Grupo de Investigación MATCAR del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad Politécnica de Cataluña están trabajando en el desarrollo de pavimentos de mezclas bituminosas con huella de Carbono 0, o incluso huella negativa«. Esa es la premisa que guía este proyecto: no se trata de dejar de emitir, también de empezar a capturar.
La incorporación del biochar a las mezclas bituminosas abre la puerta a otros pavimentos más sostenibles sin renunciar a la durabilidad. El betún, tradicionalmente el gran responsable de la huella de carbono en el asfalto, encuentra en este aditivo una especie de contrapeso ecológico.
Según los datos obtenidos hasta ahora, el potencial de captación de CO2 se sitúa en torno a los 3 millones de toneladas anuales, una cifra que, de desarrollarse a gran escala, tendría un impacto notable en los objetivos climáticos nacionales y europeos.
Carboliva y UPC presentan su propuesta en línea con la estrategia circular
Más allá del beneficio ambiental directo, este tipo de soluciones, como la de Carboliva y la UPC, está en línea con la Estrategia Española de Economía Circular. Uno de los grandes objetivos para 2030 es la reducción de 10 millones de toneladas de emisiones anuales. Este pavimento, si se aplica masivamente, podría cubrir casi un tercio de ese objetivo.
El proyecto fue presentado por José Rebollo Pericot, ingeniero de Caminos y uno de los impulsores de la idea, durante una sesión específica sobre el biochar. Allí dejó claro que se trata de toda una innovación técnica, pero también es una oportunidad real para repensar la forma en que construimos infraestructuras.
Aprovechar la biomasa de la aceituna para generar recursos renovables
“Este descubrimiento sería de gran utilidad para la línea de la Estrategia Española de Economía Circular”, explicó Rebollo. La clave está en integrar estas soluciones desde el diseño inicial, no como un añadido final. Así, el cambio estructural es posible.
Además, el uso del biochar en este contexto tiene respaldo normativo: su origen está garantizado y cuenta con certificados oficiales de captura de carbono avalados por la European Biochar Certification.
Próximos pasos de Carboliva: validación científica
El desarrollo técnico ya está bastante avanzado, pero aún queda bastante camino por recorrer. Para validar su viabilidad, los resultados obtenidos por Carboliva y la UPC serán recogidos en una publicación científica destinada al sector de la ingeniería civil. Con esta difusión se pretende que otros investigadores y profesionales del sector puedan replicar o adaptar el modelo a distintas condiciones geográficas y materiales.
A partir de ahí, el siguiente reto será llevar adelante este proyecto. El salto de los laboratorios y ensayos piloto a las carreteras reales exige inversión, voluntad política y los cambios normativos necesarios que permitan su adopción masiva.
Techar las carreteras con paneles solares reduciría significativamente las emisiones de carbono
No obstante, el interés generado en foros como Net-Zero Tech demuestra que el sector ya empieza a mirar hacia este tipo de soluciones. Con la sostenibilidad como bandera, y la urgencia climática como motor, propuestas como la de la empresa Carboliva y la UPC dejan de parecer futuristas y empiezan a verse como necesarias.
Estamos ante una de esas ideas que, si se aplica bien, puede cambiar la forma en la que entendemos el desarrollo de las infraestructuras. Carreteras que no contaminen, sino que limpien el aire: eso ya no es ciencia ficción, se trata de un proyecto en marcha.
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