Inicio/OPINION/“Nada más social que el mercado. Por la Unión Energética”, según Javier Rodríguez de Acogen
  • Suscripción a noticias

Tarifas

“Nada más social que el mercado. Por la Unión Energética”, según Javier Rodríguez de Acogen

“Nada más social que el mercado. Por la Unión Energética”, según Javier Rodríguez de Acogen
Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn8

De los muchos retos que hay que acometer en materia energética, el que puede realmente marcar la diferencia en todos los ámbitos es el de convencer a nuestra sociedad de que lo más social es el mercado. Y que su  dimensión acertada va a ser europea y abierta a otras regiones. Una opinión de Javier Rodríguez, director general de ACOGEN, la Asociación Española de Cogeneración.

Y no va a ser tarea fácil, porque cada cual –consumidores, agentes, reguladores, organizaciones sociales, gobiernos, partidos políticos, instituciones, o mi tía Luisa de 90 años-, ha ido construyendo sus ideas y convencimientos, sus propios juicios sobre la energía, las diferentes energías y sus tecnologías, sus mercados y sus repercusiones, y las políticas necesarias, todas ellas justificables en algún sentido, momento histórico o circunstancia.

Así es, en  esto de la energía “cabe todo”, pero la cuestión no es tener razón sino soñar, -permítanme  decirles, soñar los mercados energéticos-, con un avance con gran repercusión social estructural. Eso nos da infinitamente más posibilidades de alcanzar los ideales sociales y de valores humanos de la Unión Europea.

Puestos a soñar…

Puestos a soñar, hagamos la prueba de colocar los mejores atributos a este nuestro mercado energético soñado: competencia, competitividad, responsabilidad, libertad, desarrollo económico, bienestar, solidaridad, eficiencia, ecología, innovación, sostenibilidad, seguridad…. son tantos que, según los vamos encajando la tarea de su materialización se va haciendo más inalcanzable a nuestras propias fuerzas y capacidades. Y ahí es donde surge precisamente el compromiso de Europa, de cada Estado, de cada empresa, de cada ciudadano para superar sus límites y fronteras y establecer un mismo ideal interrelacionado y abierto en la Unión Energética.

En, y con esta Unión Energética Europea, a través del mercado, tiene cabida superar las ideologías y supuestos energéticos de cada cual para encontrar un punto de encuentro común en el que las legítimas aspiraciones, capacidades y competencias puedan ser integradas y puestas a competir, capturando todo tipo de eficiencias, alentando la innovación y el ingenio en un bucle creativo que genere renovación, desarrollo y bienestar.

Desarrollar el mercado con mayúsculas, conlleva expandir diferentes conceptos,  regulaciones y relaciones asociadas a los mercados: mayoristas, minoristas, primarios, secundarios, de capacidad, de futuros, de balance, a corto, o a largo, bilateral, entrega física, financiera… donde penetrarán nuevos papeles y actividades con unos agentes y reguladores que innovarán y superarán las acepciones clásicas para generar nuevas oportunidades. En todo ello, emerge como imprescindible una regulación ortodoxa con el mercado, sin cortapisas ni limitante, que potencie el funcionamiento en igualdad y libertad y que sea capaz de generar resultados tangibles en continua evolución.

El estar en situación de lograr un mercado interior europeo de la energía donde ésta circule libremente ha requerido de una larga y laboriosa evolución y desarrollo. Así lo muestran los más de 60 años transcurridos para la construcción de la Unión Europea, desde sus padres fundadores hasta nuestros días. Hoy por fin es ya una realidad a nuestro alcance, con unas políticas y con incipientes reguladores bien estructurados, con piezas e interrelaciones encajadas, que va a ir desplegándose a gran velocidad en muy pocos años.

Hoy tenemos ya conciencia, vislumbramos que el devenir de la Unión Energética es ya un vector de grandes cambios y sinergias estructurales para Europa y para otras regiones, también para cada uno de nosotros. Es un sueño muy real.

El tránsito nacional

La situación de España para soñar con mayores logros propios en la Unión Energética es avanzada en múltiples aspectos, pero a la vez presenta singularidades no exentas de importantes dificultades.

La posición de liderazgo –o en cabeza de carrera- que nuestro país ha desarrollado en múltiples ámbitos energéticos es notoria, por citar tres: energías renovables, competitivas refinerías e infraestructuras de GNL. El conocimiento experto y desarrollo de nuestras compañías, reguladores y operadores es reconocible por su alto grado de internacionalización y crecimiento, alcanzados tras la primera liberalización a finales de los años 90. También el desarrollo de infraestructuras ha sido intenso en los últimos años, pero sin haber logrado cerrar la brecha estructural existente en materia de interconexiones con Europa, condición prioritaria e insoslayable para ser parte integrante con contribución relevante del mercado europeo.

También pesan -y mucho- en nuestra posición nacional el fuerte endeudamiento económico derivado de los déficit, las caídas de las demandas consecuencia de la crisis y el gran número de contenciosos judiciales abiertos a nivel nacional e internacional. El escepticismo social sobre la ética, moral y justicia de los modelos energéticos de mercado y del comportamiento de sus agentes y gobernantes en España, es un hecho en nuestros días.

Parece claro que convendría tener una estrategia energética española a medio plazo sobre el mix y los mercados que englobase los múltiples planteamientos –industrial, social, económico y ambiental-, pero no creo que sean los aspectos técnicos los que deban preocuparnos, sino los políticos y sociales, para dotar de la necesaria continuidad en el tiempo a las direcciones y sentidos emprendidos.

Hay que desideologizar la energía, o mejor dicho potenciar la responsabilidad de los diferentes partidos políticos, agentes sociales y participantes en los mercado para dialogar con realismo y eficacia en fijar un horizonte común que no es otro que el de Europa. Y para llegar a la integración potenciadora en la Unión Energética se requiere un desarrollo y tránsito de nuestros mercados, costes regulados y fiscalidades que sean creíbles porque vayan produciendo y distribuyendo resultados sociales.

Se trata también de que los españoles recuperen la confianza en que los responsables energéticos del país velan por sus intereses, con capacidad de acción, con conocimiento experto y de servicio al interés general, y que presentan resultados veraces y sin adoctrinamientos. En esta regeneración de la confianza social las compañías energéticas están llamadas hoy inexorablemente a promover y gestionar con valores éticos y de responsabilidad social sus actividades a lo largo de toda su cadena corporativa. La responsabilidad, social, corporativa, directiva y transparente, es la mejor estrategia para adelantarse a las exigencias que irán demandando los clientes en los mercados.

El tránsito energético requiere de un convencimiento social, mucho ánimo y unidad para fijar la vista, más allá de las dificultades y retrocesos que puedan ir surgiendo, en los frutos sociales que recogeremos en y de la Unión Energética. Nuestras mayores voluntades han de ponerse en fijar toda nuestra confianza en el desarrollo y convergencia de una economía energética creciente, vector que para ser, ha de ser más social y de mercado.

Javier Rodríguez, Director General de ACOGEN (Asociación Española de Cogeneración)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

CIRCUTOR

Tarifas

TARIFAS