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Elecciones con energía y cambio climático: un pacto posible, por Javier Rodríguez de ACOGEN

Elecciones con energía y cambio climático: un pacto posible, por Javier Rodríguez de ACOGEN
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Los programas de los partidos políticos parecen estar dando señales de que tal vez sea posible un pacto por la energía, un verdadero pacto de Estado para los próximos quince años o más, porque podría alargarse hasta 2050.  Y ya se sabe que en esto de pactar, con no negar el agua, el pan y la sal, todo es caminar. Así que podemos estar contentos, o al menos esperanzados, puesto que parece que se avecinan nuevos tiempos para la energía en la próxima legislatura.

Ojalá que estos pactos sean precursores de otros muchos y también, y sobre todo, de escenarios de mejores relaciones. Y es que nuestros políticos son plenamente conscientes de la importancia que los votantes otorgan hoy a la energía y al medio ambiente; son asuntos que nos tocan a todos, no sólo en el bolsillo sino también en la razón, y por ello en esto de la cosa energética son muchas las expectativas y las sensibilidades de los ciudadanos, de modo que sus aspirantes a representarlos son conscientes de que en eso no les pueden fallar.

El ideario político que estamos conociendo de los diferentes partidos refleja el hecho de que el área energética ha confluido con la ambiental, tal y como ha venido sucediendo en los últimos lustros en la gestión y estrategia de las compañías energéticas e industriales más avanzadas que apuestan por ganar el futuro desde el presente y cada día.

Los grandes temas en la agenda de los programas electorales son los mismos, más o menos, en todos los partidos: medio ambiente y cambio climático, renovables, eficiencia energética, fiscalidad, pobreza energética, interconexiones, I+D+i, autoconsumo, seguridad jurídica, competitividad industrial, gobernanza y sostenibilidad. Las diferencias, que las hay, estriban en la acción de las medidas según las propias acepciones tecnológicas, ideológicas o racionales de sus correspondientes modelos, convencimientos o fines sobre los que cada programa pone un mayor énfasis electoral particular.

Así, las diferencias entre los diferentes partidos se hacen patentes cuando se pone el foco en la energía nuclear, el carbón, el fracking, la exploración de hidrocarburos, el autoconsumo o las auditorías de costes al sistema, por poner unos ejemplos. Pero las coincidencias también aparecen nítidamente cuando se trata de la necesidad de una estrategia y planificación energética a medio y largo plazo, de mejorar la gobernanza y previsibilidad sistémicas, lograr la sostenibilidad climática y económica, las interconexiones, la seguridad jurídica o la eficiencia, entre otras cuestiones; incluso son varias las propuestas que ya promueven un “Ministerio de la Energía y el Medio Ambiente”.

Además, también se escuchan otras voces de peso y además expertas, citemos al Club de la Energía y la CEOE, que están haciendo contribuciones valiosas y eficaces en la identificación y el enfoque pormenorizado sobre los temas clave, recogiendo con mayor profundidad aspectos asociados a las industrias y su competitividad energética, el desarrollo a través de los mercados para lograr precios más competitivos, reubicación de costes, las inversiones, la Unión Energética en Europa y también los Pactos de Estado.

La novedad que detecto en los interlocutores de los partidos –después de más de 10 años de polémicas infructuosas y dimes y diretes-, es una mayor madurez y disposición para valorar distintos puntos de vista, adquirir perspectivas más amplias, acercar posiciones y tratar de lograr una contribución creíble al creciente papel que todos otorgan a la energía y al medio ambiente como vectores decisivos de cambio y progreso. No conviene anquilosarse en una cuestión tan estratégicamente importante y que está en continua evolución e innovación.

Materializar eficazmente la política energética y ambiental, más allá de unos principios generales en los que casi todos coincidimos, es hoy en día un nuevo campo extremadamente especializado, porque los catalizadores del cambio son regulatorios, tecnológicos y de mercados, con vocación propia y compromiso confluyente en la Unión Europea, y con escenarios geopolíticos y empresariales a nivel multilateral y global.

La percepción del votante

Más allá de la propia percepción económica que de la energía tiene cada ciudadano en función de su bolsillo, hay un amplio abanico de aspectos que añaden profundidad y están conformando una visión más integral de la cuestión energética en su dimensión ecológica, social, tecnológica y comercial. El ciudadano está incorporando en cada una de las facetas energéticas la preocupación y la necesidad de una acción que impulse valores asociados como la solidaridad, la justicia, la paz, el desarrollo, la libertad, el trabajo, la lucha contra la pobreza, la cooperación, y el cuidado del mundo y de las personas que lo habitamos y su proyección futura. La personas -también las empresas que bien entendidas son agrupaciones de personas-, miran a su alrededor y comprenden que si la energía nos ha conducido a conflictos de toda índole que alcanzan hasta el clima global, también puede lograr ser vía de un nuevo inicio para aportar soluciones y evoluciones que repliquen en la mejora sensible de muchos de los problemas humanos y ecológicos de nuestro tiempo.

Para el ciudadano, la energía y el medio ambiente se han convertido en un nuevo paradigma que le afecta en su encrucijada intelectual, tecnológica y espiritual. El ciudadano percibe un ilusionante y urgente desafío para lograr mayores cotas de desarrollo verdaderamente sostenible y de protección humana a escala local, continental y global. Tanto los partidos políticos como los electores perciben el reto, lo idealista y utópico de la tarea, ¡salvar el mundo y nosotros dentro!, y precisamente por ello, por el pobre balance de la situación y de un modelo de desarrollo en conflicto con los anhelos y esperanzas más dignas de la humanidad, la reacción y compromiso es intensamente creciente y militante.

España en materia energética tiene una adelantada posición de partida, naturalmente no exenta de problemas pero con grandes potencialidades y en el grupo de liderazgo mundial. También se ve bastante claro el consenso en cuanto al enfoque y las actuaciones en el medio ambiente y el clima, que están en consonancia con la voluntad, valores y conciencia ecológica de la avanzada y mentalizada sociedad española y europea.

En unas semanas, la ciudad de la luz estará en el foco del mundo. Más de 155 países de todo el mundo que suman el 90% de las emisiones del planeta habrán sido capaces de comprometerse y alcanzar acuerdos. Estamos entrando en una era de diálogo y de cooperación, de cambios y esperanza. En España son menos las partes que tienen que comprometerse con un pacto de Estado en materia energética, un pacto que nos dará nuevos aires, un pacto necesario para la energía, la industria y el medio ambiente.

Javier Rodríguez,
Director General de ACOGEN
Asociación Española de Cogeneración

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